Cuatro horas de furgoneta para comer una pizza

A.G.

AROUSA

29 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los viajes del Extrugasa por Europa llevan camino de empequeñecer la mítica Odisea de Ulises. La temporada pasada ya había dejado momentos gloriosos, como el regreso por una avería del avión que las debía llevar a Moscú cuando el aparato ya llevaba cerca de una hora en el aire por ejemplo, pero ayer el desplazamiento también tuvo su intríngulis.

El plan era desplazarse en furgonetas desde Zaragoza hasta Tarbes. No se sabía exactamente el tiempo que llevaría, pero al final se cumplieron los peores augurios y David, el segundo entrenador, y Marcos, el fisioterapeuta, estuvieron cuatro horas al volante. Cuatro horas en las que atravesamos los Pirineos, al principio con lluvia, luego con aguanieve y ya con el comienzo de una buena nevada al pisar territorio francés, con tramos de autopista, los menos, y por las típicas carreteras de montaña (pasamos muy cerca del mítico Col del Aubisque) con sus espectaculares precipicios a ambos lados.

No hubo mayores despistes aunque el GPS, que ayer era Zlatanova puesto que jugó tres años en el equipo francés, dudó en un par de ocasiones y alguna rotonda fue rodeada más de una vez. Así las cosas, cerca de las tres de la tarde se llegó al hotel y ahí apareció la penúltima sorpresa. O no nos esperaban, o se cansaron de esperarnos. El caso fue que la cocina estaba cerrada y los estómagos vacíos.

Hubo que recurrir al plan P, de pizza. Cruzando la carretera había un restaurante italiano. Pizzas para todos, una para cada una que las chavalas tienen buen saque, y arreglado. Pero, ah amigos, todavía quedaba la última sorpresa. La fast food será habitual en Estados Unidos. En Tarbes, desde luego no. De cuatro en cuatro fueron saliendo del horno las pizzas y a las cuatro y media de la tarde todavía faltaba alguna por llegar a la mesa. Después, un mínimo descanso y a las furgonetas para entrenar durante un par de horas y conocer el pabellón.