Cualquiera que entre en la península meca comprobará que la cantera de Raimundo Vázquez ha sido, por fin, regenerada
02 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Parecía como si un gigante le hubiese dado una dentellada a O Grove, como si un dedo poderoso hubiese arañado con saña la superficie de la península meca. Pero la herida que afeó durante años la entrada a este municipio no fue provocada por ningún ser mitológico: la causaron las máquinas y los obreros que durante años trabajaron en la cantera de Raimundo Vázquez. Ahora, esa llaga casi ha desaparecido de la vista. El proyecto de regeneración elaborado por los comuneros de San Martiño ha surtido efecto, y tras cientos de camiones de tierra volcados en el gran agujero, este se ha vuelto casi invisible.
La de Raimundo Vázquez no es la primera cantera que se regenera en O Grove. La península meca fue, tiempo atrás, un auténtico filón para los empresarios de la piedra. Tanto en San Martiño como en San Vicente, los montes fueron agujereados sin contemplaciones. Cuando, durante el gobierno de Galiñanes, el Concello decidió caducar las concesiones para las canteras, el municipio se quedó con esas cuevas afeando su paisaje. De unos años a esta parte, las dos comunidades de montes del municipio han concentrado esfuerzos para regenerar esos espacios y ocultar las cicatrices que las explotaciones de granito habían dejado en el paisaje.
Los primeros en dar ese paso fueron los comuneros de San Vicente. Las directivas presididas por Manuel Ochoa han ido llenando huecos, y ya solo les queda por cubrir la herida de la Coviña do Inferno. El resto, desde grandes canteras como la de Con da Hedra hasta pequeñas explotaciones, ya han sido convenientemente tratadas para intentar devolver a esos espacios su aspecto original.
La comunidad de San Martiño, quizás porque nació mucho más tarde, quizás porque en su territorio tenía menos canteras, tardó más en ponerse manos a la obra. Comenzó, como no podía ser de otra forma, por la enorme cicatriz que marcaba carácter a la entrada de O Grove. A la cantera de Raimundo Vázquez, que había dejado de ser explotada cuando la década de los ochenta aún no había comenzado, su hora le llegó a principios del 2007.
Después de acariciar numerosos proyectos, la directiva de los comuneros, entonces dirigida por Óscar Parada, logró pergeñar un proyecto que logró convencer a los responsables del plan europeo Proder y de la Consellería de Medio Ambiente. Ambas entidades colaboraron en financiar unos trabajos que, valorados inicialmente en unos 240.000 euros, ahora están llegando ya a su fin. La cicatriz está tapada, y solo falta que la vegetación cubra las nuevas paredes de tierra para que el monte Siradella vuelva a recibir a los visitantes con un manto verde.