Buscando el fresquito a toda costa

María Santalla redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

Dicen que en los próximos días bajan las temperaturas. Y yo, qué quieren que les diga, me alegro. Porque no hay quien salga a la calle con este calor. Si no tuviese que trabajar, les aseguro que me tumbaría en el sofá, bien resguardadita a la sombra, y sortearía así estos días de calor sofocante. Pero para quienes no quieran quedarse en casa, propuestas para refrescarse no faltan.

Ir a la playa es una opción, pero siempre que a uno le guste el agua, porque la idea de tostarse al sol no es muy recomendable en días como el de ayer. Ahora, un buen bañito hasta que los dedos se arruguen y corriendo a buscar una sombra no es un mal plan.

Buscar una buena sombra tampoco es una alternativa desdeñable. Una potente carballeira o la orilla de un río son invitaciones que no se pueden rechazar en días como el de ayer. Para quien no pueda desplazarse, siempre hay algún parque cerca donde, por lo menos, se podrá respirar.

Y si aún así no funciona, siempre está el socorrido aire acondicionado de los locales. Una cafetería, una biblioteca, una sala de exposiciones e incluso el cine son lugares en los que muchas veces se puede encontrar un poco de fresquito. Incluso, aquellos que no tengan miedo a la crisis, pueden aprovechar el aire acondicionado de las tiendas y, al mismo tiempo, ir de rebajas.

Claro que todas esas alternativas pueden barajarlas quienes no tengan que trabajar. Porque los que tienen obligaciones tienen que aguantar el calor como les toque. En la inauguración ayer de la autovía de O Salnés, por ejemplo, se pasó calor. Pero nadie como las azafatas. Vestidas con un grueso traje rojo de manga larga y medias negras debieron sudar la gota gorda durante el acto. Y ni siquiera podían ponerse los sombreros de paja que utilizaban las espectadoras para tapar el sol. Eso sí que es darlo todo. Aunque, para ser justos, habría que hablar también de los obreros, esos grandes sufridores del calor, o de los agricultores, de los conductores y seguro que de muchos otros oficios que sufren los rigores del calor. Porque así puede llamarse cuando se superan en Arousa los treinta grados, y ayer se superaron sobradamente. ¡Qué baje un poquito, por favor!.