El cielo anda triste estos días. Vestido de gris, de vez en cuando le da por llorar y con sus lágrimas amarga la jornada a quienes, aquí abajo, tienen que andar a la intemperie. Ayer, en A Illa, tenían un gran plan al descubierto: llenar el campo Salvador Otero de niños, mezclar entre ellos a jugadores del Celta (Sergio y Esteban), remexerlos con un poco de la desbordante imaginación de la bibliotecaria, Ángela Otero, y conseguir, como por arte de magia, que el fútbol y los libros se diesen la mano.
Durante toda la jornada, en A Illa anduvieron con los dedos cruzados y mirando al cielo con inquietud. Pero, justo cuando los futbolistas asomaban su nariz por el puente, unas gruesas gotas comenzaron a caer sobre el césped. Afortunadamente, don cielo se aguantó las lágrimas un rato, y los chavales que habían acudido a golear a sus ídolos del balompié tuvieron ocasión de realizar varios lanzamientos antes de que se desencadenase el gran chubasco.
Lo de ayer no era un partido. Pero, si lo fuese, lo habríamos ganado todos. Los futbolistas que se dejaron golear un poquito, los chavales que se volvieron a casa con un libro bajo el brazo y llenos de ilusión, y los progenitores que desde las gradas vieron disfrutar a sus hijos.
Quizás no se lo pasaron tan bien como sus colegas isleños, pero los niños del colegio A Pastora, de Cambados, también aprendieron ayer muchas cosas de las sonrisas. Un dentista acudió al centro de educación infantil para explicar a los pequeños cómo deben cepillarse los dientes y cuántas veces al día deben hacerlo. El Ratoncito Pérez le ayudó a explicar la lección.