Ravella acaba de pagar el precio del novato, apechugando con un viejo conflicto laboral ante el que solo caben dos recetas: una nueva catalogación y mano dura
02 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Nadie diría que una gente que trabaja como media seis horas al día -con excepciones, algunas notables, por supuesto-, sin presiones y, en el caso de los funcionarios, con un puesto garantizado de por vida esté discriminada desde el punto de vista laboral. Esto, sin embargo, es lo que podía leerse en las pancartas que una parte de los empleados municipales de Vilagarcía portaban en el pleno del jueves, como protesta contra la incorporación de los miembros de la Policía Local a las categorías C y B, con su actualización salarial correspondiente. Vaya por delante que en este asunto no hay buenos ni malos, pero sí ventajistas dispuestos a aprovechar la coyuntura para pescar lo suyo en río revuelto; oportunistas alentados por los errores de cálculo y procedimiento cometidos por el gobierno bipartito. Ravella paga, efectivamente, la novatada y una palpable inocencia a la hora de abordar la siempre procelosa política de personal.
El origen del meollo se remonta al último tramo del anterior mandato municipal. El gobierno que pilotaba Javier Gago llega a un acuerdo con el resto de los grupos políticos para dormir la elaboración del nuevo catálogo de puestos de trabajo del Concello hasta que los comicios sienten en Ravella a una nueva corporación. Aunque las aguas bajan ya bastante revueltas entre la plantilla, el pacto cuenta con el visto bueno de UGT y así transcurre la cosa, en tensa calma, hasta la toma de posesión de la coalición PSOE-BNG.
Es entonces cuando el asunto se desmanda. La Policía Local comienza a maniobrar para conseguir una mejora salarial que no favorecían, precisamente, las malas relaciones que la jefa del servicio, Mari Carmen Roca , mantuvo con Gago en el período final de su prolongado mandato. Sin entrar a valorar la justicia o no de tal reclamación, lo cierto es que la forma de ponerla en marcha fue, como mínimo, discutible. A lo largo del verano empiezan a producirse extraños cambios en la regulación del tráfico. Esta situación alcanza su punto culminante en las fiestas de San Roque, poniendo de los nervios a los responsables municipales del ramo. Esto es, al área nacionalista de Ravella.
La huelga camuflada de baja
Al mismo tiempo, los agentes emprenden una huelga camuflada bajo el manto de una oleada inédita de bajas médicas. La misma fórmula que, por ejemplo, está aplicando ahora la Policía Local de A Pobra para presionar al Ayuntamiento.
A todo esto se aprueba la Ley de Coordinación de Policías Locales, que establece la equiparación de los agentes con las categorías públicas C y B. Y Ravella ve en la entrada en vigor de la nueva normativa la oportunidad de solucionar definitivamente un problema largo tiempo enquistado. El bipartito avanza, por lo tanto, en la implantación de la ley en Vilagarcía y propone el aggiornamento laboral de los agentes municipales. La policía está contenta. Pero nadie en el gobierno había previsto la reacción de parte del resto de la plantilla, que pone el grito en el cielo a la voz de una proclama vieja como el mundo: «¿Y lo nuestro para cuándo?».
Añádase al cóctel un sindicato confuso y herido, y tendremos todos los ingredientes que explican la escena que el pleno de la capital arousana registró el pasado viernes. La Policía Local aplaudiendo al gobierno local y funcionarios de otras áreas jaleando las intervenciones del PP al tiempo que enarbolan pancartas de inspiración ugetista denunciando su «discriminación». Todo ello, pese a los beneficios que la coalición gobernante otorgó a los trabajadores en sus primeros meses de mandato. Para empezar, la prórroga de un buen número de contratos a punto de vencer. Para continuar, una paga de productividad ante la que solo se levantó una protesta: la de quienes querían excluir a parte de los operarios municipales del reparto. Si algo no ha sabido hacer el bipartito es, a la vista está, hacer valer tan liberales planteamientos e imponerse ante la deriva del funcionariado.
Y eso que el compromiso de Ravella acerca de la catalogación de su plantilla es claro: los incrementos salariales tendrán como fecha de referencia el 1 de enero de este año. Todos los funcionarios percibirán, antes o después, los emolumentos derivados de su nueva situación. Con su postura, en definitiva, UGT escribe un capítulo único en su historia, al movilizarse para frenar la mejora de un colectivo concreto de trabajadores a la que todos acabarán teniendo acceso.
Si el PP de Tomás Fole no sacó petróleo de la sesión se debe en parte a su posición final -acabó aprobando la modificación de la policía pese a poner en tela de juicio la decisión del gobierno durante toda su intervención- y en parte a la respuesta de Marcelino Abuín . Pero Fole no pierde el tiempo y al día siguiente se fotografía con Gago en el Puerto, elogiando al ex regidor como ejemplo de talante. El conservador ahonda, así, en la brecha del PSOE y trabaja un mensaje que había adelantado en el pleno: «Antes estábamos mejor». El enfado en Ravella ante tal faena es inmediato. Para más inri, la presencia de Roberto Araújo en el pleno no pasa desapercibida. Para unos, casualidad relacionada con Amigos de Galicia. Para otros, el síntoma de una especie de rebelión de la antigua cúpula municipal. En el fondo, buen marxismo del de Groucho: «Más madera, es la guerra».