Tal vez sea injusto, pero en este mercado generalizado en el que vivimos ningún género, por bueno que sea, puede aspirar a tener éxito sin un envoltorio que luzca a su altura. Esta simple máxima, conclusión de la mera experiencia cotidiana, es perfectamente aplicable al bipartito que gobierna la capital arousana, poco hábil por el momento a la hora de comunicar a la sociedad el trabajo que realiza de puertas adentro.
Quien frecuente la plaza de Ravella cuando el sol se ha retirado podrá comprobar cómo, en la alcaldía y en los despachos, la luz sigue encendida hasta las nueve y media o diez de la noche. Podrá debatirse e interpretarse la calidad de los resultados, pero es indudable que ahí se trabaja. Sin embargo, la calle es, en general, ajena a este panorama.
El problema es complejo, porque atañe a la propia concepción de la labor política que manejan los actuales gestores municipales. A nadie se le escapa que ni la alcaldesa, Dolores García , ni el portavoz socialista, Marcelino Abuín , son amigos de los actos protocolarios. Su opinión es que el fruto del trabajo dará, cerrando el círculo, sus frutos y el electorado sabrá apreciarlo cuando llegue el momento. Esta perspectiva eminentemente funcional olvida que, a menudo, lo que genera el respaldo hacia la clase política no es tanto la calidad de sus logros como la cercanía de su presencia. En definitiva, el cuerpo a cuerpo en la calle, en el comercio, en la inauguración y en la fiesta patronal. La política municipal no es un arte abstracto, sino una práctica muy concreta, que exige bajar a la arena continuamente.
Este estado de cosas se transmite a la política de comunicación de Ravella, que sencillamente no existe. La importancia de vestir la gestión con una imagen y de informar a la ciudadanía de lo que se decide en los despachos y se lleva a la práctica en la calle no ha calado en la coalición gobernante. Un mal que afecta sobre todo al ala socialista, pero al que tampoco es ajena el área nacionalista. Xosé Castro Ratón , con ocho años de experiencia en la corporación, ha concedido bastante atención a este aspecto, hasta el punto de reclamar, en las negociaciones de junio, algo parecido a la portavocía institucional del Concello. Pero no ha evitado carencias informativas sobre cuestiones tan candentes sobre el estado del monte y el trabajo que la Consellería de Medio Rural desarrolla en el Xiabre, del que apenas se ha trasladado nada al vecino de a pie, concediendo un margen demasiado amplio a la crítica de la oposición. El líder del PP, Tomás Fole , sostiene que la decisión del bipartito de no participar en actos religiosos es, en realidad, «una excusa para no trabajar». Su teoría es intencionadamente provocadora y exagerada. Pero tiene razón al asumir la presencia entre los vecinos como parte de su labor como concejal. El mercado, guste o no, funciona así.