Meigas fóra, chova ou ventee

AROUSA

Eran como aquellos del Señor de los Anillos, pero con rosquillas en lugar de sortijas y basoiras como espadas. Nueve poblados contra la Noite das Meigas. Nueve colectivos, nueve. A saber, los chavales de A Cantarela , en Castor Sánchez, plantaron un hongo luminoso que metía medo. La gente de Protección Civil en la plaza de Galicia, con todo su arsenal de vehículos y el mítico Cholo Dorgambide al frente de las operaciones. En la plaza de España fincaron Os Remolóns, de Sobradelo. Por la banda de la TIR, parapetados bajo las sombrilla que les dejó el mozo del Skipper -a otros ponedores de copas lo de la lluvia les resbalaba-, el personal de la asociación de vecinos de Guillán. En O Castro, con ganas de encender la queimada antes que nadie -probablemente para recocer los impresionantes callos que servían- Zona Aberta . En Arcebispo Lago, la asociación de vecinos de Sobradelo. En A Peixeiría, Malveiras bailando na punta do pe. El colectivo Vilaxoán, con Tupi y mejillones para parar unos depósitos, en A Baldosa. Y en la avenida de A Mariña, las niñas mimadas de los organizadores, las rapazas de O Noso Lar . ¿Cuándo? El sábado pasado, hombre, a medianoche. Chova, vente ou faga sol. Ya ven que la alineación era como para estar tranquilo. Pero el bueno de Eduardo - Sabarís , de UPTA y AIT - hacía honor a las once a su pálido maquillaje. La perspectiva de la tronada que se intuía en el horizonte amenazaba el programa, lo traía a malvivir, porque por algo es la cara visible de la Noite das Meigas. A él y a Penide , el hombre del fuego de artificio, que razonaba, con lógica, que la lluvia impediría el buen arder de la bruja que con tanto cariño había preparado frente a la Alameda. Ya lo dijo Manolo Bouzas , aquel impresionante presidente que tuvo la Autoridad Portuaria: «Aquí isto vai para diante chova, ventee ou faga sol». E vaia se foi.

Pese a la lluvia, había que ver al personal agolpado, parapetado tras las vallas contemplando los fuegos. Y poco después, bajo los paraguas, haciendo cola para degustar los 500 litros de queimada. Ni en los mejores sueños de los taberneros se imaginaron las terrazas repletas de personal un sábado después de las fiestas. Poca pasta, gran rentabilidad. Y Castro Ratón y Rosa Abuín , tan contentos. Y Eduardo, recobrando al fin el color. Y María Araújo , de improvisada fotógrafa. Cómo no sonreírle.