Una ojeada general sobre el desarrollo de las fiestas de este verano indica que los cambios con respecto a ediciones anteriores se centraron fundamentalmente en tres puntos: el cambio de ubicación del Combate Naval, la eliminación de las reinas de las fiestas y de la ofrenda floral asociada a ellas y la ausencia de representación institucional del Concello en los actos de carácter religioso.
Cabe destacar, por lo que respecta a esta última cuestión, que las autoridades municipales no tomaron parte en la procesión de San Roque, a excepción de la decisión de varios concejales del Partido Popular en sentido contrario al reciente acuerdo plenario. Pero esto no quiere decir que el Concello no colaborase en su organización. Muy al contrario, Ravella puso a su disposición la banda de música y dos grupos folclóricos, además de las tareas propiamente organizativas, que fueron asumidos por el técnico de protocolo, Ramón Reirís. Por último, el Ayuntamiento varió hasta en cincuenta metros la ubicación clásica de uno de los escenarios del centro de la ciudad para facilitar el recorrido procesional.
La discoteca que no existió
No hubo, por lo demás, ninguna cancelación, aunque sí alteraciones de fechas. La única excepción se produjo en la mañana de la Festa da Auga. La concejalía de Cultura había llegado a un acuerdo con los responsables de los pubs de la TIR para que ellos mismos asumiesen la organización de una especie de discoteca móvil a partir de las siete. Sin embargo, a la postre nadie hizo nada.