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11 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.ESTO de la munición ecológica tiene su gracia. Un fiero tirador, de los que afina su escopeta sin fallo en A Toxa, comentaba el otro día que tan feliz práctica constituye, efectivamente, un deporte. «Pero el que de verdad hace deporte es el pichón». Así remataba el hombre su comentario, mordaz y certero como los disparos que, eso dicen, tan ecológicamente acabarán a partir del año que viene con los infaustos pollos de competición. La ecología tiene tres significados básicos. El primero hace referencia a la ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos entre sí y con su entorno. La munición que se nos anuncia no puede ser ecológica en este sentido, pues el ser vivo de la definición se convierte a su merced en fiambre. Nada de ser vivo, por lo tanto. Tampoco parece conveniente la segunda acepción, aquélla que se aplica a la parte de la sociología que estudia la relación entre los grupos humanos. Así que nos queda la tercera: la defensa y protección de la naturaleza y el medio ambiente. Una defensa que, evidentemente, se ejecutará a tiros. Aunque sin plomo. Menos mal.