La cosa política
07 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?stas palabras pertenecen a un destacado dirigente socialista de Vilagarcía. Las puso sobre la mesa minutos después de la reunión que la ejecutiva, el grupo municipal y las altas instancias del PSOE local celebraron el viernes por la noche para definir su postura acerca de la inelegibilidad de Enrique León: «Se ha portado como un caballero, ha puesto su cargo a disposición del partido y ha dicho que su carta de dimisión estaba disponible desde el primer día». Es cierto que la opinión mayoritaria en el puño y la rosa apuntaba inevitablemente a la necesidad de que renunciase. Pero en ningún momento el alcalde se opuso a ello. El único punto de fricción, a la postre el mayor de los errores posibles, fue la apuesta de dormir la resolución hasta el lunes en lugar de hacerla pública de inmediato. Con ello, la iniciativa política pasó de nuevo a un Partido Popular que, como era lógico, exigió un cese fulminante de León. La decisión de ese cese estaba tomada desde la noche anterior, pero por un inexplicable despropósito se metió en un cajón para enfriarla durante 48 horas. Ahora, cuando al fin se produzca esa dimisión, difícilmente podrán los socialistas evitar la imagen de que no actúan por propia voluntad y convencimiento, sino por la presión ejercida desde las filas conservadoras. Paradójicamente, esquivar esa imagen es lo único que puede explicar el cambio de tercio protagonizado por León, que en cuestión de minutos pasó de querer anunciar su renuncia públicamente a ofrecer una mera explicación de los pasos dados y una hiriente acometida contra Fole. Sólo la voluntad vencida de un hombre convencido de que la razón está de su parte pero se ve obligado a dimitir puede, efectivamente, explicar que el todavía regidor se resistiese a acabar de una vez, entendiendo, probablemente, que los contrincantes no podían decidir su agenda. Y sin embargo, sí pueden. La política es, en muchas ocasiones, cuestión de tiempos y gestos. El paso atrás de León puso al PSOE contra las cuerdas. Comprenderlo marca la diferencia entre quien vive y respira la política y quien simplemente la visita. Lástima No había necesidad de final tan ingrato.