El juzgado da la razón a Amegrove y anula su expulsión de Opmega

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

La sentencia afirma que la central mejillonera no dio audiencia a sus socios de O Grove Los bateeiros mecos se quedaron fuera de la organización a finales de abril del 2005

07 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

UN BUCLE TEMPORAL. Padín (izquierda) tomó las riendas de Amegrove tras la expulsión. Él fue el encargado de llevar al juzgado a Opmega, entonces presidida por Figueira (derecha). Ahora, el juzgado devuelve a los grovenses a una organización en la que ya no quieren estar. ?l 20 de abril del 2005, Amegrove y Opmega parecían condenadas a seguir caminos diferentes. La asamblea de la central mejillonera acordaba aquel día expulsar a la mayor de sus delegaciones. La directiva que presidía Javier Figueira había acusado a sus socios grovenses de vender más allá de los cupos que tenían asignados, había propuesto su destierro, y había logrado que más del cincuenta por ciento de la asamblea apoyase la salida de Amegrove y la imposición de una sanción económica. Los mecos se mostraron, desde el primer momento, disconformes con su expulsión. Así que decidieron llevar su caso a los tribunales. En enero de este año se celebró el juicio, y el 28 de febrero la magistrada que estudió el caso dictó sentencia. La decisión es clara y contundente: «Se declara la nulidad del expediente sancionador incoado por Opmega contra Amegrove y los asociados que agrupa, y de la resolución adoptada en el mismo, declarando en consecuencia la nulidad de la expulsión de Amegrove y los cooperativistas de ésta, así como la sanción económica impuesta en dicho expediente». Posible recurso La sentencia, en cualquier caso, no es firme. Contra ella puede interponer Opmega un recurso de apelación que daría pie a una nueva batalla judicial que se libraría, en este caso, en la Audiencia. De momento, la sentencia parece dar la razón a las muchas voces que, en el año 2005, advertían de que la expulsión de Amegrove estaba rodeada de más sombras que luces. Los grovenses fueron los primeros en advertir y señalar todas las dudas legales que pesaban sobre su expulsión. De hecho, Marcos Castro -entonces presidente de la asociación con base en Porto Meloxo- las enumeró ante la asamblea de Opmega, que aún así aprobó el severo castigo. En aquel momento, la directiva de la central mejillonera desestimó todas las críticas y defendió a capa y espada la legalidad de la expulsión de los grovenses.