ENTRE LÍNEAS | O |
06 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.ES DIFÍCIL que cada vez que tiramos de la cadena nos imaginemos dónde acaban nuestras miserias. Es un acto tan cotidiano que ya no le damos importancia. Pero la tiene. Peor es que muchas empresas vomiten sus desperdicios sin el menor tratamiento a ríos, regatos y rías. Y pasa. Todos los días, 834 vertidos contaminantes acaban en la ría de Arousa. Unos se producen en el Umia o en el Ulla, pero el mal llega al mismo sitio: la ría. Dice la Xunta que estamos en la uci. Pero la cuestión es cómo ha llegado el enfermo a esta situación. ¿Por qué no hemos hecho nada antes, cuando teníamos un simple resfriado? Ahora la cosa ha degenerado en neumonía y es más seria. Necesitamos antibióticos de amplio espectro, porque el mal tiene ahora muchas formas. No es sólo una cuestión medioambiental. No se trata de ser o no ecologista. En la ría viven muchas de las cosas que luego nos comemos. Pescados y mariscos de los que tanto nos gusta presumir que son los mejores del mundo, pero que cada vez soportan un mayor grado de contaminación.