CON GOTAS | O |
18 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.¿QUÉ futuro le aguardaría a un bar en el que el tabernero se preocupase únicamente de quién queda más guapo detrás de la barra? ¿Qué le esperaría a una asesoría en la que el cliente importase menos que las peleas entre sus empleados por ocupar la oficina más soleada? En ambos casos, la respuesta es la misma: la ruina. Y sin embargo, asistimos una vez más, con las elecciones municipales a tiro de piedra, al grotesco espectáculo de una clase política embarcada en un quítate tú de ahí que yo soy mejor candidato. O candidata. Lo de menos, como siempre, es proponer un proyecto de gestión creíble y ambicioso, capaz de aunar la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Empeñadas en sus liortas paisanas, estas cofradías de miopes olvidan que lo esencial es ilusionar y responder al electorado, no colgarse otra medalla en el ombligo y tirar millas como protagonistas estelares de su propio culebrón sin audiencia. Al final, la gente pondrá a cada uno en su sitio. En O Grove, por qué será, las urnas hablaron claro en 1999 y el 2003. serxio.gonzalez@lavoz.es