En directo | Tensa subasta en la rula de O Grove Aunque no llegó a haber conflictos graves, la tensión en el edificio de O Corgo se hace evidente estos días: placeras y marineros tienen que convivir, pero no resulta fácil
18 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?alma tensa. Ese era el ambiente que se respiraba a media tarde de ayer en la lonja de O Grove. Un muro invisible dividía en dos el edificio de O Corgo. A un lado, la cofradía vendía su pescado a particulares y a algún comprador que desoía el boicot de las placeras. Mientras, al otro lado de la muralla, éstas hacían círculo en torno al producto que subastaba la vendeduría privada que opera en O Grove. La censura por la intención del pósito de montar una pescadería continúa, y las placeras no pujaron en la subasta de la cofradía. Así que San Martiño decidió comprar el producto y venderlo ella misma. Algún que otro comprador, pero también particulares, participaron en esta nueva puja. Esta decisión provocó estos días las protestas de la asociación de vendedoras de la plaza, que entiende que el pósito no puede vender a particulares. Sin embargo, éste lo hace con la ley en la mano. De hecho, representantes de la cofradía muestran en la lonja, a quien quiera verla, la norma legal en la que se amparan para vender directamente en la lonja. Leen el artículo 14.3 del decreto 419 del año 1993: «Os particulares poderían adquirir directamente, en lonxas ou centros de venda, ata unha cantidade non superior a tres kilogramos de produto». Aclaran, además, que esa normativa fue modificada en el año 2006, pero esas variaciones no afectaron al artículo en cuestión que, por lo tanto, sigue vigente. Amenazas y control Así que, con la normativa legal como bandera, la cofradía volvió a vender ayer su producto. De todos modos, los marineros se quejan de que la situación está muy crispada y de que las placeras no sólo les hacen boicot directamente, sino que invitan también a los compradores a sumarse a esa represalia contra el pósito. Algunos aseguran que ha llegado a haber amenazas y, de hecho, la cofradía envía estos días a varios de sus vigilantes a controlar la subasta para evitar cualquier contratiempo. Pero, fuera de algunos comentarios en voz alta, y de algunas canciones con segundas , la cosa no pasó a mayores. Las pescantinas se quejan de que ellas pagan sus impuestos, y de que la cofradía está vendiendo a particulares y tiene previsto abrir una pescadería sin pagar impuestos. Los marineros, por su parte, comentan que tienen derecho a crear un punto de venta y aseguran, además, que en todas las reuniones que el cabildo mantuvo con la asociación de vendedoras de la plaza se les dio a conocer esa normativa en la que se basan ahora para vender directamente al consumidor. Sostienen también que se habló con ellos en varias ocasiones sobre la necesidad de pactar precios mínimos y nunca estuvieron dispuestos a hacerlo. Ahora, sin embargo, dicen que están de acuerdo con negociar tarifas siempre que la cofradía renuncie a abrir la pescadería como tiene previsto. Y con respecto a los precios, los marineros todavía tienen algo más que decir. Aseguran que las placeras duplican en el mercado los precios que pagaron en la lonja por sus productos. Pero siempre hay un punto intermedio, y en este caso lo ponen dos señores de edad que, con la experiencia y la sabiduría que dan los años, dicen: «Ao final, quen perde é o mariñeiro, porque se había de vender a dez, vendeu a sete ou a oito».