Entrevista | Antonio González López Un equipo de 41 profesionales trabaja a destajo para valorar los daños de las inundaciones. En estas condiciones, González está seguro de que el proceso será encauzado a finales de febrero
17 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?sta semana, Antonio González se ha reunido en Vilagarcía con representantes del Concello y de las distintas organizaciones empresariales. La percepción general que se extrae de esta cita es que el consorcio de seguros está cumpliendo los plazos de forma razonablemente satisfactoria. Y es que el volumen de trabajo, argumenta su delegado en Galicia, está a la altura de los cuantiosos daños generados por las riadas. -En un primer momento entran muchas reclamaciones, hay que organizar el trabajo, abrir los expedientes, clasificarlos, distribuir a los peritos. Es lógico que al principio el proceso vaya más lento para acelerarse a continuación. Yo, en la reunión de esta semana, me he dedicado un poco a tranquilizar a la gente, porque estamos yendo razonablemente bien. El 1 de diciembre les dimos a estos mismos interlocutores en Vilagarcía unos plazos que estamos cumpliendo. Creo que la peritación estará lista a finales de febrero. Las indemnizaciones pueden tardar un poco más. Pero, créame, la máquina está funcionando continuamente. -Con todo, el número definitivo de expedientes aún no está cerrado. -No, claro. Hay que tener en cuenta, además, que no estamos gestionando una sola siniestralidad extraordinaria en Galicia, sino seis diferentes. Y seguimos recibiendo reclamaciones cada día, incluso con cuatro meses de demora con respecto a la catástrofe. ¿Cómo se consigue cumplir, entonces, las previsiones? Incrementando los efectivos, y eso es lo que estamos haciendo. Evidentemente, para cuatro mil siniestros no hay cuatro mil peritos, pero hay muchos. En estos momentos están trabajando en Galicia 35 profesionales. De ellos, 26 en Pontevedra, de los cuales 22 están en O Salnés. Esta semana se incorporan otros cinco y el lunes otro más. Habrá, por lo tanto, 25 peritos trabajando expresamente en esta comarca. Creo que es una dimensión adecuada para cumplir los plazos. -¿Qué le diría, por lo tanto, a los afectados? -Un siniestro así es desagradable para todo el mundo. Quien tiene la desgracia de verse afectado quiere paliar cuanto antes su problema, y para él es lo más importante. Es lógico y comprensible. Pero nosotros no podemos atender todo a la vez, y cualquier organización pública o privada que tuviese que enfrentarse a esta situación tendría el mismo problema. No vale aquí aquello de que se funcionaría mejor de esta o de aquella manera. Nuestra titularidad es pública, pero a estos efectos el funcionamiento del consorcio es exactamente el mismo que el de una compañía aseguradora que opere en el mercado. En la reunión hemos llegado a la conclusión de que las cosas van razonablemente bien. Insisto, cualquiera que esté esperando a que vayamos a peritarle creerá que tardamos mucho. Pero otros no lo iban a hacer más rápido ni mejor. -Da la impresión de que de lo sucedido en Vilagarcía deberían extraerse valiosas lecciones en todo lo que tiene que ver con los seguros... -Hagamos, si quiere, un poco de filosofía. En una sociedad desarrollada, y la española lo es, el grado de desarrollo implica, entre otras cuestiones, un mercado asegurador evolucionado, que cubre más conceptos que en los lugares donde no hay un excedente económico y la gente no puede concertar coberturas. En pocas palabras, el nivel de aseguramiento es más elevado en los países desarrollados. Una siniestralidad como ésta fomenta el aseguramiento, porque hay gente que ve que quienes tienen un seguro están indemnizados y quienes no lo tienen, no. Lugo sufrió una serie de terremotos en 1995 que se repitieron con la misma magnitud en 1997. El número de reclamaciones al consorcio se triplicó entre uno y otro. Eso sólo se explica porque se triplicó también el número de seguros. -¿Y en concreto? -En automóviles, por ejemplo, el seguro de lunas, que en estos casos de riesgo extraordinario garantiza la cobertura de los daños al completo, está ya bastante extendido. El seguro de hogar también, aunque más en las zonas urbanas que en el ámbito rural. Y el comercio debería pensar que el mayor quebranto que puede tener un negocio que vive de colocar mercancía o servicios al público es la pérdida de beneficios, el lucro cesante. Una de las conclusiones que puede extraerse es que los comerciantes piensen en asegurar ese lucro cesante, porque hay una buena parte de ellos que no lo hacen. Muchas veces es mayor el quebranto por dejar de vender o tener que cerrar, que el propio daño físico. -Aun así, la Administración cubre los daños de los negocios no asegurados. -La sociedad gallega tiene el suficiente grado de desarrollo como para que las pérdidas de situaciones semejantes se cubran a través del sistema asegurador. La Administración suele atender estados, casos de necesidad... Es potestad suya definir qué entiende por necesidad o precariedad.