Los escayolistas

AROUSA

AREOSO | O |

15 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

VÁYANSE PREPARANDO. A partir de ahora, y hasta el mes de mayo, van a poder saborear, más que probablemente, toda una serie de tribunas públicas, cartas al director y escritos de todo tipo sobre lo mal que lo hacen unos y lo bien que lo hacen los otros y viceversa. Nuestros políticos locales, cuya callada labor se traslada también en la mayoría de los casos a los plenos, comienzan desde ya la lucha por la foto, o por la columna en el peor de los casos. Sí, amigos, las ágoras se han trasladado de los consistorios a los medios de comunicación. -«Señor Quintela, ¿podría explicar en el pleno lo sucedido en las inundaciones?» -No, pero tranquilo, que ya mandarán alguna carta a los periódicos. Lógicamente, los escritos llegan. De todos los colores y de todos los estilos (en esta legislatura hasta alguno en forma de soneto). Y aquí llega la pregunta. ¿Las hacen los interesados? Claro, como no son manuscritos (al menos si obviamos un fácil juego de palabras) no podemos comprobar que el que la suscribe también la escribe. Hete aquí un problema de los adelantos de la ciencia. En todo caso, cierto es que el oficio de columnista es uno de los más en boga de la actualidad. Los hay de todos los estilos: barroco, gótico, churrigueresco y hasta rocambolesco. Lo de las luces en los textos importa menos porque ese siglo se quedó ya muy atrás. No sería un mal trabajo el de columnista, aunque fuera ocasional y no por oposición. Pero claro, para eso hay que valer. Tener valor, vamos. Mientras esa oportunidad no llega, muchos tenemos que conformarmos con rellenar los huecos que quedan en las columnas que dejan los grandes artistas. Tapar las grietas. Ser escayolistas, en fin. Un oficio que, bien mirado, tampoco está mal. Aunque, lógicamente, bastante peor pagado.