AREOSO | O |
06 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SI NO FUERA porque nos va la seguridad y el dinero en ello, lo de la vía rápida de O Salnés -con perdón por lo de rápida, que ya se sabe que ahora no se estila hablar en estos términos- suena a broma. Resulta que una carretera con sólo doce años de antigüedad y 26 millones de euros de presupuesto se cae a trozos. Socavón por aquí, socavón por allá, el asfalto se rompe como si fuera de cristal. Llega la hora de buscar responsabilidades, que ya estaba tardando, y la ocasión de hacer política, que el asunto se presta. La carretera la hizo la Xunta de Fraga y Cuíña, pero el PP dice ahora que la culpa de lo que está pasando es de los incendios y de las obras que se están haciendo para convertirla en autovía, que dependen de la consellería del PSOE y que, a su entender, no se deben estar ejecutando con las garantías pertinentes. A saber. Aunque tampoco se explica mucho que una carretera con todas las de ley se hunda por el hecho de que le abran otro carril al lado. Pero ya sabemos que hablando de obra pública a veces hay más arena que cemento y donde deberían haber ido tuberías de hormigón se acaban instalando otras de metal que, me temo, resulta más barato. Supongo que muchos acabaremos opinando de lo que no sabemos pero es que, en estas que estamos, no te asoma el rubor ni para enmendarle la plana a un ingeniero. Y pensar que las calzadas y los puentes romanos siguen en pie dos mil años después sin dejar a nadie en el camino. Que esa es otra, ¿qué hubiera pasado si en uno de esos agujeritos se hubiera quedado una vida humana? Que no ocurriera fue sólo cuestión de suerte, de la buena. Pero no tentemos al diablo. En los noventa se hicieron más carreteras en Galicia, con las mismas constructoras, técnicos y políticos que parieron la vía rápida de O Salnés. Como para sentirse seguro en nuestra red de estradas.