El precio

AROUSA

AREOSO | O |

24 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

¿CUÁNTAS veces al día se queja usted de su trabajo? Yo, que pertenezco a un gremio muy dado a la queja, suelo encontrar tres o cuatro motivos de protesta al día. Hasta que de repente una mariscadora te suelta una frase. Y te dice: «O meu traballo é duro, pero seguro que o teu tamén o é, ¿ou non?». En el momento contestas con un ambiguo «home, ten as súas cousas». Pero luego, cuando la conversación termina, no queda más remedio que aplicar la vara de la sinceridad. En una balanza libre de prejuicios colocas la espalda flexionada, el cuerpo en remojo y el frío en los huesos de las mariscadoras. Entonces te tragas las protestas de los últimos meses y das la razón a ese pesado que respondía a cada una de ellas asegurando que «trabajo duro es subirse al andamio todas las mañanas». Hay quien dice que las mariscadoras no son tan sufridas como los obreros. Que sólo trabajan unas horas al día y que logran unos ingresos más que aceptables. Y que, además, cuando falla algo, siempre tienen a la mamá Xunta dispuesta a pagar los platos rotos. Pero todo eso es sólo una verdad a medias. ¿Trabajan sólo unas horas? Sí, es cierto. Pero yo pasé una mañana con ellas en la playa y tardé varios días en recuperarme. ¿Que mamá Xunta está ahí siempre para echarles un cabo? Cierto también, aunque no siempre. Igual la Administración debería estar más dispuesta a solucionar los problemas de vertidos que matan el marisco que a extender cheques, pero eso es problema de los que mandan. Y aún más: mamá Xunta también está ahí para sacarle las castañas del fuego a muchas grandes empresas que engordan a base de subvenciones, y que luego se llevan la música de su dinero a otra parte. Y luego está lo de lo mucho que ganan. Les voy a decir una cosa: lo que ustedes pagan por un plato de almejas en un restaurante no tiene nada que ver con lo que estas mujeres ganan.