El palomar Este domingo ha sido grato porque asistir a homenajes siempre es motivo de alegría. En Rubiáns fue a su centenaria Dolores Carregal. En Cambados, al querido Manso
02 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La mejor manera de celebrar algo, y de eso sabemos muchos los gallegos, es en torno a una mesa, pero la liturgia tampoco suele faltar. El domingo vivimos en Arousa dos homenajes para recordar. El dispensado a Salvador Cores Robado , más conocido como Manso , y el ofrecido a Dolores Carregal , la vecina de Rubiáns que el domingo cumplió cien años. Así que para allá nos fuimos. A las doce y media la cita era en la iglesia de Rubiáns y al salir de la misa nos encontramos con una exultante Dolores rodeada de su familia. No tuvo hijos pero entre sobrinos, cuñadas y demás se juntaron para la foto de familia nada más y nada menos que 44 personas. ¡Cualquiera le echa a esta mujer el siglo! Conserva un aspecto y una lucidez envidiables y eso, asegura, sin hacer nada especial. De allí se iban para el restaurante Ciprés donde les esperaba una buena comilona. La comida y la fiesta después En la iglesia de San Martiño de Sobrán la misa era a la una y allí estaban Manso con, como no, su familia y amigos. Pero el fiestón, lo que se dice fiestón, esperaba en Casa Rosita de Cambados. Sus amigos quisieron agradecerle de esta forma los años de dedicación y esfuerzo que ha invertido en uno de sus proyectos más exitosos y particulares: Vilaxoán canta. Y Vilaxoán y Cambados cantaron también el domingo. A la hora del café, los 270 comensales ya habían aflojado las corbatas y empezaran la fiesta. Sobre todo los de Unha Grande Chea que no deja escapar la ocasión de pasar una juerga. Pero esta vez, que conste, había motivo. Y es que el presi de la asociación comparseira además de juerguista es hijo del susodicho, así que había que volcarse con el asunto. Hubo música y hubo regalos. Una placa para Manso, entregada por Salva , y ramo de flores para la esposa y madre, que para algo acompaña al acordeonista desde hace tantos años. Domin leyó el comunicado de agradecimiento y tampoco faltó la parte institucional: el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán , se sentó en la mesa presidencial. Lo bueno bueno es que Manso se sentía en casa. ¡Anda que no tocó él en Rosita ni nada! Esta vez tocaron para él.