ENTRE LÍNEAS
22 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.MENOS mal que el otoño se ha llevado los sofocos del verano. A mi me gusta el frío, lo confieso. El frío es como la esposa. Uno siempre sabe a qué atenerse. Una mantita, un buen jersey y todo arreglado. El calor es como el amor adolescente. Ardoroso, desenfrenado e imprevisible. Nunca sabes qué ponerte. El frío te permite trabajar con comodidad -toda la que es posible en el chollo-, no agobia y es más fácil de controlar gracias a los cada vez mejores sistemas de calefacción. El calor es sólo para estar de vacaciones, en la playa o en la piscina, y no hay quien le meta mano porque los aires acondicionados provocan constipados, resecan la garganta y siempre dan demasiado frío. Llegan a ser incómodos. En el frío se puede confiar. Es noble. Te viene de cara. El calor no. Por eso yo soy de los que se alegra cuando llega septiembre.