La cosa política
09 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?o es que haya gran cosa que comentar en esta primera semana del curso político en Arousa, pero allá vamos. No puede haber ningún análisis mínimamente serio que no pase por la contaminación del río Umia. Lejos de lo ocurrido con la oleada de incendios forestales, que ha servido al Partido Popular un enemigo claro a batir, el conselleiro de Medio Rural, Alfredo Suárez Canal, en el caso de la desfeita de Brenntag ni siquiera el más militante de los alcaldes del Partido Popular ha puesto en cuestión la actuación de la Xunta ante la grave crisis vivida por la comarca de O Salnés. Al menos, por lo que respecta al fuero interno de los regidores. Otra cosa es lo que el tempo político les marque; esto es, aprovechar cualquier ocasión, acertada o no, para presentarse en Pontevedra dando palos al bipartito con el presidente de la Diputación, Rafael Louzán Abal , como líder de la oposición en la provincia. Quien sale claramente reforzado de todo este envite es, sin duda, el conselleiro de Medio Ambiente, Pachi Vázquez , que ha ganado enteros incluso, reiteremos, entre los alcaldes del PP. Por lo que respecta a este asunto, las críticas hacia el Gobierno autonómico no parecen demasiado sólidas, especialmente si su único argumento se basa en que el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño , se haya presentado día arriba día abajo en la beira del Umia, cuando en la nómina de contaminantes del río hacen cola varias empresas amigas , que en su día regaron el cauce con desechos de todo tipo sin que, al menos por el momento, la sociedad arousana sepa si han sido sancionadas o no por ello. La prudencia, que acostumbra a ser buena consejera, domina también una segunda cuestión que ha suscitado cierta inquietud política a lo largo de la semana que hoy termina. Hace exactamente ocho días, en el interior de las tierras del Deza, el otrora poderoso conselleiro Xosé Cuíña mantenía una reunión con parte de sus fieles. Aunque en torno a la cita se hilaron todo tipo de conjeturas -basta con recordar las crispadas palabras de Manuel Fraga en Ribadumia, siempre con el término «traición» en la recámara- parece ser que de lo sucedido el sábado pasado en Lalín no se deducirá ninguna candidatura amenazante para los intereses conservadores. Al menos, por el momento. Acudieron, eso sí, gentes de muchas partes de Galicia. Entre ellas, de O Salnés, donde el antiguo secretario xeral de la gaviota gallega jugó a fondo algunas de sus cartas. Hablar de militantes capaces de protagonizar el último intento electoral tanto en Vilagarcía como en tierras mecas no constituye novedad alguna. El retorno de Cuíña lleva camino de convertirse en toda una leyenda urbana en el seno del Partido Popular. No cabe duda de que, de puertas adentro, cualquier mención que se haga al de Lalín causa escalofríos. Sobre todo, ante la perspectiva de que los conservadores no cosechen los resultados apetecidos en las municipales de mayo. En plazas fuertes, como Vilagarcía, lo mejor que se puede aventurar es una ensalada de siglas. Y, pese a ciertos delirios que circulan por ahí, todas ellas bucearán en el mismo saco: el centro derecha. De todas ellas -Partido Galeguista, virtual candidatura cuiñista- la única que por ahora ha demostrado solvencia a la hora de obtener representación municipal son los Independientes por Vilagarcía de Rivera. Y así continúa la cosa. Con una salvedad. Por primera vez en la última década, el PP de la capital arousana tiene la oportunidad de elegir a un equipo a la medida de su número uno, Tomás Fole . En 1995 fue Rivera quien nucleó la lista, y fue destinado al Puerto para, posteriormente, ser decapitado. En 1999, el aparato popular se cargó a su primer candidato, aquel médico de Pobra de Brollón, para recurrir, a última hora, a Juan Antonio Garrido y a una lista de circunstancias. Tal vez nunca se le preste suficiente atención al papel que durante todo un mandato tuvo que jugar Manolo Portas , a la sazón portavoz de la gaviota en el Concello cuando nadie quiso serlo. Hoy es fácil hinchar pecho, pero plantar cara a la maquinaria socialista, en plena mayoría absoluta, con Javier Gago repartiendo estopa, no constituía ningún caramelo. En cualquier caso, el reto de los conservadores está claro: o ahora, o probablemente tengan que esperar bastantes años para acariciar el bastón de mando. No tiene nada que ver con lo anterior, pero también ha sido materia de conversación. Tras un retraso considerable, imputable a los plazos y a cierta indecisión administrativa, se acerca el momento de elegir al sustituto de Pedro Corbacho al frente de Fexdega. El comité ejecutivo de la fundación se reúne el martes para poner encima de la mesa tres nombres. Los miembros de tan reducida comisión -también son tres, Ana María Rúa Souto , directora xeral de Comercio; Roberto Araújo Cortegoso , miembro del grupo de gobierno de Vilagarcía; y Carlos Oubiña Portas , presidente de la Cámara de Comercio- tienen ante sí el reto de profundizar entre los 23 currículos que optan a la plaza. Uno de ellos, el portavoz cameral, Amado Cascallar , de ser elegido, habría de renunciar a su puesto como integrante del patronato de la institución. Algo lógico, por cuanto la terna que el comité ejecutivo dé por buena será sometida a la consideración del patronato en su conjunto.