La cara más vistosa del mar

M. Santalla / M. Abalo VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | Primera experiencia de Pescanatur El «Do Mar», con una pareja de Leganés incorporada a su tripulación, inauguró los viajes turísticos que la cofradía de O Grove, junto con otras, ha puesto en marcha

01 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?aúl cumplió ayer un sueño que guardaba desde niño. Criado en Madrid, muy lejos del mar, siempre quiso ir a pescar. «No es fácil, porque nadie quiere embarcarte». Pero ayer él y su pareja Carolina pudieron por fin subir al Do Mar para participar en una jornada de trabajo a la captura de pulpo. La jornada comenzó bien temprano. A las cuatro menos cuarto de la madrugada sonó el despertador. No hubiese hecho falta. Raúl no había podido conciliar el sueño con la emoción. El madrugón fue lo que peor llevaron estos madrileños que inauguraron los viajes turísticos del proyecto Pescanatur. A las cinco de la madrugada subieron al barco que patronea José Luis Devesa e iniciaron un intenso aprendizaje de más de diez horas. Pero pese a lo prolongado de la jornada, Raúl y Catalina recomiendan su experiencia a todo el mundo. «Aunque nunca te haya llamado la atención este tema... ¡aprendes tanto!», comenta la mujer. Y precisamente por ello, «como estás constantemente aprendiendo, pues no te cansas». La singladura valió tanto la pena que sus protagonistas no son capaces de acertar a decir algo negativo. «Negativo no puedo decir nada». El tiempo contribuyó a ello. «El mar estaba más o menos tranquilo, incluso fuera de la ría había poco oleaje». Así que pudieron disfrutar del amanecer, una imagen espectacular: «Había niebla y se veía como la luna, podías mirar directamente. Se veía toda la costa llena de luces que gradualmente se iban apagando cuando se hacía de día, y entonces iba apareciendo la tierra». Pero además de contemplar el paisaje, la pareja tampoco se perdió detalle de la faena de los marineros. Y, por supuesto, pudieron comprobar que es mucho más duro de lo que parece. Tanto que Raúl y Catalina ya se han convencido de que la pesca que ayudaron a traer a tierra vale «bastante más de lo que van a poder sacar los pescadores a los que hemos acompañado». Porque -explican- «hay unos intermediarios ahí que se están llevando un buen bocado mientras los pescadores pasan mucho tiempo en el mar para sacar los justillo para gasoil, para mantener un barco y para vivir más o menos dignamente». Así que ahora estos dos intrépidos madrileños volverán a su tierra con el sabor de esta experiencia marcado en su recuerdo y, sobre todo, con argumentos suficientes para rebatir a quienes sostengan que el pescado está por las nubes. Y por si sus allegados no les creen cuando lleguen, Raúl y Catalina se han llevado un diploma de participación en esta experiencia. Así podrán demostrar a todo el mundo que han sido los pioneros en esta iniciativa que la cofradía de O Grove, junto con otros pósitos de las Rías Baixas, acaba de poner en marcha.