En directo | Recorrido por el paisaje del desastre Desde el mirador de Xil ya no se ve la ría y el valle de O Salnés es menos verde. El fuego ha dejado un paisaje gris y tétrico, y todo parece susceptible de empeorar
09 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.CORTAFUEGOS DOMÉSTICOS EN LAS CASAS. Estos vecinos de Xiabre ya saben lo que es tener las llamas al pie de las ventanas. Ayer se afanaban en cortar la maleza y árboles que rodean la casa El objetivo del reportaje era ofrecer una mirada sobre el paisaje que han dejado los incendios a su paso por Arousa. Resultó ser demasiado pronto para hacer balance. Parece que lo peor ha pasado, pero ayer todavía sobresalían columnas de humo por los montes y había trasiego de mangueras y sirenas a lo largo y ancho de la comarca. Aunque los fuegos ya no cogen por sorpresa a nadie. En Arousa llevan tres días con las llamas a las puertas de las casas y esto ha puesto en pie de guerra a todo el mundo. Nuestro recorrido empieza por el extremo sur de la comarca donde se han producido más incendios: Meaño. El que se autodenomina Corazón do Salnés lleva tres días ardiendo, y ayer seguía. A las cuatro de la tarde se reproducía un foco en Simes, pero esta vez ya estaba todo el dispositivo en alerta. Para cuando el concejal de Urbanismo, José Ramón Gondar, avistó la humareda desde el mirador de Xil y dio aviso por teléfono, el dispositivo ya estaba operativo. Nunca tantos ojos miraron al monte. Han ardido ya demasiadas hectáreas -en Meaño, Simes, Cobas y Xil- como para permitirse que se quemen más. Así que los vecinos se dedican a vigilar cada recodo, a pesar de que están exhaustos. El martes subieron al monte de Xil a las nueve de la mañana y no se marcharon hasta las dos de la madrugada pero ayer volvieron a subir y a primera hora de la tarde hacían guardia con un tractor. José Ramón Gondar estuvo allí y recuerda esta experiencia como una vivencia irrepetible. Sintió impotencia y pena, compartió la amargura de los más viejos que lloraban, y se enorgulleció al ver a los vecinos hacer piña para salvar el monte. Vecinos que le robaron horas al sueño, a su trabajo, a su familia y a su salud. «O conductor da cisterna pasou dúas noites sin durmir e só parou para comer un bocadillo», relata. La cisterna municipal, una pala contratada por el Concello y un ejército de tractores fueron las armas en esta batalla. El edil se queja, en un testimonio que se repite demasiado estos días, de la falta de medios. «Desde o domingo, aquí non apareceu ninguén da Xunta», señala.