Sensibilidad

MARÍA ABALO

AROUSA

AREOSO | O |

31 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EXISTEN muchos tipos de violencia en el mundo como la física, sexual o psicológica. El otro día me quedé atónita al escuchar el siguiente suceso. Al parecer, no hace mucho una señora llevó a su perro a una playa de la costa de Levante. Todo el mundo a su alrededor estaba tranquilamente disfrutando del sol. Hasta que, de pronto, la dueña llamó la atención de los bañistas cuando obligó al animal a bañarse en contra de su voluntad. Según algunos testigos, se dirigía a él con malos gestos y en un tono déspota. Al mismo tiempo, el pobre animal miraba a su dueña afligido y asustado. La persona que me lo contó me dijo que se le había encogido el corazón al ver semejante situación y que no entendía cómo podía haber gente así. Sin embargo, lo que a mí me sorprende es que se nos parta el corazón ante un hecho como éste, que no es para menos, pero no cuando vemos en la televisión la cantidad de personas que sufren este tipo de situaciones. Según el informe de la Organización Mundial de la Salud, cada año 1,6 millones de personas en todo el mundo pierden la vida violentamente. Unos piensan que el principal problema de esta falta de sensibilidad es del poder de los medios de comunicación. Como dice Pedro Guerra «contra el poder de las verdades dobladas, contra el poder que nunca abraza a los que pueden pensar, contra el poder que siempre miente en nombre de la verdad». Lo cierto es que la prensa, con cierta frecuencia, bombardea a los ciudadanos con noticias sobre violencia, malos tratos o agresiones. Hasta el punto de que la primera crónica causa un impacto en la sociedad pero, poco a poco, los ciudadanos se acostumbran a éstas. Quizás los medios tengan parte de culpa, pero no creo que sea suya toda la responsabilidad. En el fondo, duele pensar que todo esto sólo sea una cuestión de sensibilidad.