El teléfono del conductor

La Voz

AROUSA

En directo | Viaje inaugural

22 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

? Sandra y a Óscar el Noitebús les parece una gran idea. Son de Lugo, lo suficientemente jóvenes como para desear una larga noche de fiesta, y lo suficientemente adultos como para no querer complicarse la vida con una ecuación irresoluble de copas y volante. La pareja fue la primera en subirse al vehículo que hace la ronda entre San Vicente de O Grove y Sanxenxo. «Nos sorprende que no haya venido más gente», explican. No es de extrañar: al margen de quien les interroga, son los únicos ocupantes del autobús. «La verdad es que cuando estábamos en la parada pensamos que nos habíamos equivocado. Como no había nadie...», explica él, sonriente ahora que está de camino hacia la noche. «A lo mejor es que aún es un poco pronto. Las diez de la noche... A lo mejor se sale un poco más tarde», matiza ella. Los dos se bajan del autobús en Portonovo, cuando el conductor se echó a un lado y abrió las puertas. ¿Dónde se coge el de retorno?, le preguntaron al chófer. Pero el hombre no tenía ganas de hablar, o no disponía de la información. «Eu non sei nada. Esta é unha liña nova», murmura. Luego intenta enmendarse. «Supoño que do outro lado da estrada». Suponía mal. A última hora, Sandra y Óscar deshicieron el camino de una larga noche y se colocaron al otro lado de la calle. Deberían haberlo hecho unos cuantos metros más abajo, junto a la gran rotonda de Portonovo. Cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde: el Noitebús que debería llevarlos a casa ya había arrancado. «Me hicieron unas señas y ya les paré», cuenta Rafael. Rafael es otro de los conductores del Noitebús. Además de hacer los viajes de la línea entre Vilagarcía y Portonovo, le tocó también acercarse hasta San Vicente. La noche, reconoce, es dura. Pero una cabezadita a tiempo entre ruta y ruta ayuda a que se haga mucho más liviana. Este fin de semana le ha tocado el Noitebús, y lleva la misión con alegría. «Es una buena idea. Yo también salgo de vez en cuando. Y lo importante es lo de siempre, que si bebes no conduzcas», dice. Empezó la noche llevando hasta Portonovo a un buen puñado de chicas -bastante jóvenes todas ellas- que habían empezado el día muy temprano. Eran de Lugo y se habían metido en un autobús a primera hora para llegar a Vilagarcía, dejar sus bártulos en una pensión, arreglarse, subirse al Noitebús y salir de marcha en Sanxenxo. El esfuerzo vale la pena, aseguraban: «Esto es lo más». El resto de los que utilizaron la línea entre la capital arousana y Portonovo eran de la zona. Un grupo de vilagarcianos llegó a la meca de la movida cargados con bolsas de supermercado y cervezas ya iniciadas. «Nos vamos a las siete menos cuarto», decían nada más poner los pies en tierra. Junto a ellos, una pandilla de jóvenes cambadesas. Precavidas, las muchachas pidieron el móvil al conductor. «Por si las moscas», dice él. Se lo dio, sin más problemas. Y luego continuó con su larga noche de viajes, O Grove incluido. Faltaban cinco minutos para la salida del último bus de regreso cuando el teléfono de Rafa sonó. La pandilla de Cambados quería asegurarse de que no se quedaba en tierra. Evidentemente, no perdieron el Noitebús: se subieron a él y comenzaron a comentar con Rafa la noche. Al fondo, los vilagarcianos que tan animadamente habían empezado la noche se echaron una cabezadita. «Eso es lo bueno. Que la gente pueda pasárselo bien y luego echarse un sueñecito mientras los llevamos a casa. Tranquilamente».