AREOSO | O |
07 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LAS reacciones de las personas ante determinadas cosas no dejan de sorprenderme. Como con las muertes que suceden cada día en los distintos medios de locomoción. El accidente del metro valenciano dejó 42 muertes. Una cifra importantísima, pero que queda empequeñecida si la comparamos con las que suceden cada mes en la carretera. Sin embargo, más de uno de los usuarios que tan pronto como volvieron a utilizar el ferrocarril subterráneo sintieron un repelús, no lo sufrieron seguramente al montarse en un coche, un vehículo indudablemente mucho más peligroso. Una peligrosidad que, por otro lado, crece a pasos agigantados cuando se juntan el coche, la noche y las copas . Es por ello que iniciativas como la de los autobuses que trasladarán a los jóvenes por las zonas de marcha parece difícil que encuentren alguna réplica incluso de los partidos de la oposición. El problema ha surgido porque se entiende que la medida es insuficiente en cuanto a cantidad de recorridos, pocos y sin repercusión directa en esta comarca. Por supuesto, los ciudadanos estamos de nuevo indefensos. La Xunta dice que es un plan piloto y los Concellos ponen el grito en el cielo: «Yo también quería». Normal. Sin embargo, lo más dramático de todo ello es que la solución la tenían al alcance de su mano: explican desde la Dirección Xeral de Transportes que habían notificado la iniciativa a los Concellos y que fueron muy pocos los que contestaron. ¿Qué quiere decir esto? Que más de lo mismo. Ya no se trata de si uno es del PP, del PSOE o de la FPG. El asunto es que al tema, del que desgraciadamente es muy probable que haya que volver a hablar el lunes -cuando se contabilicen los accidentes del fin de semana-, le faltaba ladrillo para poder llamar la atención de quienes corresponda.