El palomar Cada vez más, los alumnos salen del aula para aprender lo que sale y lo que no sale en los libros. Los de cuatro añitos de A Lomba y Escardia se fueron ayer a O Castriño
19 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El título lo dice casi todo. En la concellería de Educación creen que la ciudad puede enseñar mucho, de modo que han organizado una suerte de clases por distintos puntos del municipio con el fin de que los más pequeños aprendan a aplicar, de forma amena y didáctica, lo que les enseñan en el aula. Ayer les tocó el turno a los de cuatro años de A Lomba y A Escardia, que se fueron tan contentos al parque Enrique Valdés Bermejo -o al Castriño, como más guste- para aprender un poco más sobre los árboles y, de paso, sobre la vida. Que al fin y al cabo es de lo que se trata. Con el mandilón puesto y el lápiz bien afilado. Así se presentaron Brais y compañía dispuestos a descubrir todos los misterios de la naturaleza. Entre árboles pasaron la mañana y, aunque no se tropezaron con ningún duende -creemos- sí tuvieron ocasión de descubrir un paisaje casi mágico entre los robles americanos y los suntuosos cipreses. Los pequeños hicieron un trabajo de campo en toda regla. Primero las explicaciones, después la recogida de hojas y, para finalizar, dibujaron cada cual la especie que le tocó en suerte. El abuelo ciprés ¿Y cuántos años tienen los árboles? Los dueños del bosque no lucen canas, ni le caen los dientes, ni le salen arrugas. Ellos suman la vida en su tronco, a golpe de anillos en la madera. Los peques tuvieron ocasión de descubrir cuáles son los abuelos y cuales los nietos en esta peculiar familia verde. Y ojalá la clase sea un buen comienzo para que los adultos de mañana sean mejores aliados con los inquilinos de los montes de lo que lo están siendo sus padres. Durante la semana volverán al parque Valdés Bermejo los alumnos de Sagrada Familia, Vagalume, O Piñeiriño y Arealonga y se pondrá fin a un programa que ha llegado también al mar y al tren. Los niños de tres años estuvieron hace un par de semanas en el Museo del Ferrocarril y los de Primaria visitaron la biblioteca municipal, la playa, el puerto, los pazos, la empresa Larsa y el archivo municipal. Un recorrido amplio y variopinto que, a buen seguro, resultó de gran utilidad para que los niños se empapen de experiencias y conocimientos. Pero el curso se acaba y, con él, «Vilagarcía, a túa escola». Lo cual no quiere decir que las hormiguitas de Ravella dejen de trabajar. María Araújo y Carlos Guerrero seguirán teniendo a nuestros hijos bien ocupados este verano.