El Palomar Xulio Gayoso presentó ayer en Exposalnés su libro «A banda de Vilacendoi». El acto, por original, logró llenar la sala y mantener la atención de los niños
31 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El centro comarcal Exposalnés acogió ayer por la tarde la presentación del libro A banda de Vilacendoi , escrito por Xulio Gayoso y editado por Kalandraka . Y con estos nombres en el cóctel, no es de extrañar que las cosas salieran tan divinamente. El local estuvo abarrotado y, lo que es mejor, los muchísimos niños que estaban presentes disfrutaron con la presentación en la que, más allá de discursitos, pudieron preguntar todo lo que se les pasó por la cabeza. Y ya se sabe que no hay nada más inesperado y sorprendente que la mente de un niño. Recuerdos de la infancia Y para que vean de lo que son capaces los niños, vean todo de lo que, gracias a sus preguntas, nos enteramos. Gayoso nos contó que el más que escritor es ilustrador -y de los buenos, me permito añadir- y que la historia surgió después de visualizar las imágenes. También nos confesó que su pasión por el dibujo surgió de que cuando era niño sólo tenía pinturas para jugar. Todos los años, los Reyes Magos le echaban el mismo regalo: una caja de pinturas. Y a fuerza de utilizarla el mundo ganó un fantástico ilustrador que ahora da clases de dibujo en el instituto Ramón Cabanillas de Cambados. Una metáfora del mundo A banda de Vilacendoi dice en su última frase «todo o que pasa no mundo pasou antes na miña aldea». Con ello, el autor intenta explicarnos Galicia, Europa e incluso el mundo entero a través del pequeño núcleo de población en el que está centrada esta magnífica y maravillosa historia. Contacontos Además de lo fenomenal que se lo pasaron los niños y niñas que ayer acudieron a Exposalnés gracias a la forma en que Gayoso les explicó los porqués y los cómos de su libro, los organizadores tenían un as bajo su manga. Incluyeron en el programa una sesión de contacontos que hizo, como casi siempre, que los chavales se lo pasaran en grande. Estimular la inteligencia de los más pequeños es barato y muy rentable. Sólo hay que hacer las cosas bien y con mucho cariño.