Perdigones fuera

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

?a playa que está situada debajo del campo de tiro de A Toxa está cubierta de algas. «Cuidado que se resbala», advierte Manolo. Es uno de los cuatro integrantes del Colectivo Ecoloxista que ayer invirtió parte de la mañana en la campaña para denunciar la acumulación de miles de perdigones de plomo en las costas de la isla. A su paso, va señalando rendijas en las rocas húmedas y pequeñas bolsas de bolitas grises que se aprecian sobre la arena. Lo cierto es que los perdigones se ven a primera vista, sin dificultades ni necesidad de escarbar. Dicen los del Colectivo que entre la arena, mezcladas e invisibles, aún hay muchas más bolitas. «Igual podemos estar falando de toneladas», calculan. Pero es un hablar por hablar, porque nadie sabe cuántos perdigones puede haber. Sí se sabe que pesan, y que pesan de lo lindo. En la mesa colocada por el CES, un puñado de esas pequeñas bolitas pesa tres kilogramos. Víctor, Manolo, Alba y Noa, los representantes del colectivo que ayer se presentaron en A Toxa, explicaron que «os perdigóns, debido a que son pequenas esferas, teñen moita superficie en contacto co mar, acelerando a súa disolución. Iso os convirte nunha nada despreciable fonte de chumbo». Un metal pesado que afecta a los animales marinos que se alimentan filtrando las aguas, explican. Los cuatro reconocieron cuáles son sus objetivos. Primero, «denunciar a concentración de chumbo no litoral da Toxa» y «acadar que se realice a limpeza do litoral afectado». Una actuación que consideran «doada e viable económicamente». Pero los ecologistas también quieren cruzar otras metas. Uno: que se haga cumplir la normativa que prohíbe el uso de perdigones de plomo. Dos: lograr que se prohíba, como ya se hizo en otras comunidades autónomas, el tiro al pichón. Una práctica que les parece «salvaxe e con sabor a vello, a rancio».