CON GOTAS
05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL LOVE era un bar grande, con mucha ventana. Abría su puerta en O Pexigo, en Compostela, a un paso de la Casa Encantada. Tenía lo que tenía que tener, una barra amplia y bien surtida, un billar, un futbolín y una tragaperras. El nombre del garito revelaba el pasado emigrante de Lucía, la tabernera, una mujer bregada, de ésas a las que la vida les ha tatuado más cruces que Cuíña a la foto de Palmou. Su hijo, Camilo, se casó con la chavala de los del bar de enfrente, con los que Lucía se llevaba a muerte. La boda fue un sábado, a la una. Él se lo comunicó a su madre dos horas antes y volvió para comer. No es extraño que ella anduviese en el aire. Para no meter el zueco, saludaba a discreción: «Bos días, boas tardes, boas noites». Así, imposible equivocarse. Un día sirvió un caldo de lechuga. El Love naufragó hace años. Ireemplazable.