Análisis
07 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?esde la reelección de Javier Figueira como presidente de Opmega, en el mes de enero del 2005, las relaciones de Illa de Arousa con la central han sido sumamente complicadas. En la agrupación isleña se sintieron engañados por Figueira después de que éste hubiese asegurado de forma reiterada que no se presentaría a la reelección y acabase, sin embargo, siendo el contrincante del candidato que presentaba A Illa, Julián García. Desde entonces, y con Ramón Dios García al frente de una nueva directiva en la asociación, Illa de Arousa se convirtió en la principal oposición de Javier Figueira en la organización de productores. Pero el poco eco que encontraron sus críticas entre las demás agrupaciones de la central llevó a los isleños a rebajar su nivel de crítica. La tensa tregua duró sólo unos meses. Poco después, el nacimiento de Mar da Illa, la comercializadora que pusieron en marcha los isleños, daría lugar a nuevos enfrentamientos. En Illa de Arousa denunciaron en varias ocasiones que desde Opmega se intentaba poner obstáculos al funcionamiento de la comercializadora. Esta situación generó un malestar en los socios que se sumaba al descontento ya existente por la escasez de ventas que -decían- estaba teniendo la propia central. Las declaraciones de Javier Figueira en relación con unas alertas sanitarias del mejillón gallego en Italia fueron la gota que colmó el vaso de la paciencia de los isleños. Tanto que les llevó a tomar una decisión que seguramente no fue fácil. Los isleños colaboraron a la fundación de Opmega y pertenecieron desde siempre a la central. Posiblemente su salida haya sido una opción dolorosa, pero que, a juzgar por los resultados de la asamblea, se veía inevitable.