ENTRE LÍNEAS
08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.AYER me di cuenta de lo mucho que les cuento de mi vida privada. Una lectora habitual de esta columna a la que conocí en la manifestación contra la droga me señaló que sabía que mi mujer era peluquera, que mi hija se llamaba Helena y que yo era del Atlético de Madrid. Van a tener razón los que me acusan de contar mis intimidades, pero siempre he dicho que el periodismo de mentirijillas no me interesa. A veces, uno tiene que desnudarse para llegar a la verdad. O, al menos, a veces uno tiene que mostrar su interior para poder llegar al interior de los demás, de los lectores. Sí, de ustedes, que son, al fin y al cabo, la razón por la que todos los días de mi vida me siento ante este teclado y escribo estas líneas. Los periodistas nos pasamos la vida contando las intimidades de los demás. No está de más que, a cambio, desvelemos las nuestras.