Mascotas que fueron queridas

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Crónica | Perras preñadas y cachorros abarrotan las perreras La perrera de Cambados tiene lista de espera; cuando se acerca la primavera es habitual que las hembras que esperan camada sean abandonadas por sus dueños

07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El verano es la peor época para las mascotas que un día fueron queridas pero que crecieron demasiado y ya no queda sitio para ellas en el coche antes de emprender las vacaciones. Pero a algunos animales la fecha de caducidad en el hogar les llega antes, más o menos a principios de la primavera. Es cuando las perras, siguiendo su instinto natural, salen en busca de novio, y si la aventura sale como debe, vuelven a casa preñadas. La familia crece demasiado y no hay sitio para todos, así que los que un día mimaron a la mascota cuando sólo era un cachorro, se deshacen de ella o de su camada sin remordimiento de conciencia. Suele ocurrir en abril y mayo, y las sociedades protectoras de animales lo saben bien porque por esas fechas aumenta el número de perras y cachorros abandonados. Este año, sin embargo, se adelantó el proceso, y por eso en la perrera de Cambados ya no hay sitio para más animales. «Tenemos lista de espera, hay gente que está llamando para traer sus perros, pero no tenemos sitio para más», dice Olga Costa, responsable de las instalaciones. No hace mucho que entró una hembra de pastor alemán que parió diez cachorros, aunque sólo uno sobrevivió. La parrera de Cambados tiene en la actualidad 58 animales, y no hay capacidad para ninguno más. La de Vilagarcía tiene ochenta, y aunque fue construida para menos, en realidad puede albergar un centenar. «En los meses de invierno están mejor así -dice la encargada-, porque se dan calor los unos a los otros». Lo que ya no es habitual es que se abandonen perros de razas consideradas peligrosas. Se hizo con frecuencia hace unos años, cuando a los dueños se les obligó a colocarles un chip. Entonces muchos prefirieron prescindir de ellos y dejarlos en la perrera, donde fue difícil encontrarles una familia de adopción. En la de Vilagarcía vivió durante más de un año un pitbull que hace poco -después de que unos desconocidos entraran en las instalaciones- quedó en manos de la protectora de Arteixo. «Teníamos miedo de que vinieran a por él, para peleas, aunque la verdad es que era muy cariñoso».