CON GOTAS | O |
23 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UN LIENZO blanco tiene mucha historia. Es, entre otras cosas, un símbolo de pureza, y tal cualidad no ha debido de pasar inadvertida a la Fundación Galega contra o Narcotráfico a la hora de plantear su última campaña: airear sábanas en las ventanas como protesta contra el estraperlo de sustancias psicotrópicas. Le consta al que escribe que la mejor de las intenciones preside la idea. Pero, ojo, porque una sábana blanca tiene significados mucho más oscuros que el de la feliz virginidad. Una sábana blanca puede ser una mortaja, y servir como disfraz fantasmagórico bajo el que difuminar la verdad de las cosas. Lo cierto es que el narcotráfico es capaz de introducir 1.500 millones de euros anuales en la economía gallega, y eso tirando por lo bajo. Cualquiera puede comprender que una inyección de semejante calibre por fuerza ha de afectar, en mayor o menor medida, a todos los canales económicos y sociales del país, máxime en el punto geográfico en el que se generan la mayoría de estas plusvalías soterradas y deformantes. ¿Qué mensaje se pretende con el ondear de las sábanas? ¿Que usted no debe comprar o tomarse una copa en tal sitio, porque le han dicho que un narco lleva las riendas? Ese dinero, por desgracia, está por todas partes, no sólo en los negocios tapadera de unos cuantos peces gordos. Querer circunscribir la cuestión a este tipo de planteamientos resulta peligrosamente infantil. Las raíces y los efectos del narcotráfico superan, con mucho, el ámbito de las meras decisiones individuales de los ciudadanos de a pie. Quien así lo entiende se queda con lo accesorio para ignorar lo esencial: la pasta de la farlopa engrasa la maquinaria de un sistema que, tal y como nos lo han montado, necesita bastante aceite negro para funcionar. Empuñen, por tanto, sus sábanas, que bien estará. Pero no olviden que, más allá de la metáfora, este problema exige soluciones valientes.