Franco

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

LA REPRESIÓN que desató tras la Guerra Civil puso los pelos de punta a los mismísimos jerifaltes del régimen de Hitler, incapaces de comprender cómo quien se hacía llamar Caudillo de España masacraba así a su propio pueblo. El generalote, sin inmutarse, proclamaba que en su sueño imperial sobraban el 40% de los españoles. Supo convertirse en ese aliado neutral que los nazis necesitaban para conseguir, por ejemplo, combustible con el que sostener la guerra en Europa. Supo someter a la derecha que creyó en él y meter en el mismo saco a falangistas, monárquicos, conservadores y carlistas a mayor gloria de su ambición, lo único que siempre le importó. Supo hacer de la Iglesia, que todavía paga el precio, su motor ideológico. Lo único que no supo fue prolongar su mezquindad más allá de aquel 20 de noviembre, hace hoy treinta años.