El palomar Nacido en Verín pero espiritualmente arousano, Modestro Contreras atesora una carrera plagada de hitos multidisciplinares, a punto, ahora, de traspasar fronteras
02 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Quienes conocen las calles y los rincones de Vilagarcía se habrán sorprendido al notar la ausencia de uno de sus más contumaces visitadores, el pintor Modestro Contreras. Y así es. Obligado por la enfermedad, Modesto reparte desde hace meses sus días entre Arousa y Verín, su villa natal, donde sus hermanas le prodigan los cuidados que la bohemia regatea. Este momento, de pelea vital, es también un momento dulce para el artista. O, mejor dicho, para su obra, que comienza a traspasar fronteras para abrirse a otros mundos y a otros mercados. Este fin de semana, Modesto se dejó caer por la ría y el mar que asegura «necesitar para vivir» y la «medicina celestial» que encuentra en el albariño convemientemente maridado con las gentes de O Salnés. De aquí hacia allá El relatorio de las expectativas de la obra de Contreras es extenso. Miembro de honor del Museo de las Américas, de Miami, su obra Adagio para Albinoni le puso en contacto con Mark Rowland, director del museo Meadows de Dallas y la galeriasta Gabriela Phenning, quienes le ofrecieron participar en una serie de exposiciones colectivas, así como con los representantes de algunas figuras del cine como Antonio Banderas, Robert de Niro o Bardem. De este y otros canales surgieron, este año, las muestras del Museo de las Américas, Arte-Fama de Almería, la Miami Art Center, la Feria Internacional de Marbella, la Hispanic Art de San Francisco, o la Frankfurter Buchmisse. El poso del tiempo Claro que todo esto no es más que el colofón de una carrera multidisciplinar, transversal y enormemente rica, en muchas ocasiones sorprendente, a lo largo de la cual Modesto ha tocado todos los palos que se han puesto a su alcance. Todo empezó en Verín y desde allí se proyectó hacia Barcelona, donde estudió Bellas Artes, en el círculo artístico San Jordi y en el estudio de todo un maestro del color como Roberto Ortuño. El aprendizaje del grabado con Albert Reg da paso a actividades de lo más variopinto e inaudito. La creación del restaurante Misttinget, en honor a la reina del cabaret parisino del temprano siglo XX, la consecución de un diploma acreditativo de sus excelencias culinarias, de manos del propio Jordi Pujol, la realización de decorados para gente como Loles León, el vilagarciano de origen Pepe Rubianes, Sisa, Pauloski, Mariscal, el diseño de ropa para firmas catalanas como Denver y Santa Eulalia... A todo gas con Gato Pérez ¿A alguien se le podría haber ocurrido que Modesto Contreras pudo formar equipo de competición con el enorme Gato Pérez, monarca de la rumba, para disputar el campeonato catalán de rallies pilotando un Seat? Pues así fue, al igual que su destreza con los naipes y el ilusionismo. Una práctica que le llevó a compartir escenario en su primera actuación con Pepe Carro. Y, en fin, seis cortometrajes, distintos premios, y varios hitos van configurando, así, en completa centrifugación, el original universo Contreras, con capital anímica en Vilagarcía y Arousa. «En cada obra tengo conciencia de trabajar para mi entretenimiento personal, sin niguna pretensión en ese momento», sostiene Contreras. Su opinión sobre el arte moderno se resume en una sentencia. «Antes para ingresar en Bellas Artes tenías que nacer casi artista; ahora basta con matricularse», sostiene, mientras se aleja, Baldosa abajo, con el Dios Azar, responsable de su inspiración, en un bolisllo.