Análisis
31 oct 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?a calidad del albariño y, por extensión, de los caldos de Rías Baixas, parece no tener límite a la hora de alimentar fiestas y fiestas, verano tras verano. Sólo en Arousa, cuna del 80% de la producción de la denominación de origen, funcionan desde hace años tres exaltaciones a las que ahora se une la Festa do Viño do Salnés. Aunque su idea matriz busca cubrir un hueco teórico y explotar las especificidades del albariño frente al genérico Rías Baixas, el próximo evento a desarrollar en Vilagarcía entra directamente en competencia con la Festa do Albariño de Cambados, que ha cumplido ya sus bodas de oro, la Festa do Albariño de Autor, de Meaño, y con Albarousa, que Antonio Neira celebra desde hace un cuarto de siglo precisamente en Vilagarcía. Cambados juega en otra división y Meaño se limita a un grupo de bodegas asociadas. Pero el pulso con Albarousa será descarnado y sólo uno de los dos eventos podrá sobrevivir, puesto que su oferta es exactamente la misma -combinar la gastronomía con la degustación enológica-, al igual que el escenario elegido, y como mucho les separarán tres semanas en el calendario. En realidad, lo que cambia son las formas de la gestión, que Neira personaliza férreamente mientras los nuevos bodegueros semejan concebir de manera más abierta y colectiva. Entretanto, Rías Baixas sigue padeciendo una grave carencia: un gran salón enfocado desde el punto de vista profesional, capaz de reunir a primeros espadas de la enología en lugar de centrarse en la mera parranda. ¿Por qué no en Fexdega?