El gobierno local acepta la enmienda global de Ivil, que fija el incremento general en un 3% Gago se compromete con EU a estudiar fórmulas para gravar la especulación con los solares vacíos
27 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?i IPC interanual de junio, como defendían BNG y PP, ni IPC de Pontevedra en agosto, como propuso el gobierno local y en su día tenía como referente Ivil. Con su enmienda a la totalidad, aceptada por el grupo socialista, Rivera imprimió ayer un nuevo cambio de criterio a la hora de abordar el incremento de las tasas e impuestos municipales. En general, éstos aumentarán el año que viene en un 3%, porcentaje que no corresponde a IPC alguno, sino a la reinterpretación que Rivera hace de las necesidades económicas del Concello en estos momentos. Los puntos más calientes se salvaron con el voto de calidad del alcalde, y responden también al planteamiento de los independientes, que apenas modifican el tipo propuesto por Ravella para el IBI (se queda en un 0,51, una centésima menos de lo que pretendía el equipo de Gago) y dejan la subida del alcantarillado, la recogida de basura y los vados en un 9,42%, un 9% (Ravella quería el 10%) y un 22,78% respectivamente. El debate, por lo demás, respondió a lo esperado. El BNG incidió en la necesidad de recurrir a un principio de justicia tributaria para el ciudadano. Tal principio tendría su base en un criterio estable sobre el IPC, que, insistió Castro Ratón, debería recogerse a 30 de junio. El PP, por su parte, exploró el camino de primar la buena gestión. Así, Tomás Fole reiteró la idea de analizar los gastos corrientes desde una comisión especial conjunta. Y Esquerda Unida, a través de Juan Fajardo, centró sus argumentos en un cambio absoluto de óptica, buscando fórmulas para conseguir «unha redistribución da riqueza real» para que sean quienes más tienen los que más paguen. En este sentido, obtuvo al menos un compromiso por parte del alcalde; el de estudiar las posibilidades legales de gravar a los propietarios de aquellos solares que permanezcan sin urbanizar, a fin de evitar la especulación con el suelo. Gago, a su vez, se defendió en todos los terrenos, llevando la argumentación al campo en que más podía brillar su gestión. El alcalde se alejó de los porcentajes concretos para dirigirse hacia la presión fiscal en comparación con el resto de los municipios gallegos, donde Vilagarcía sale bien parada, y en la calidad y cantidad de los servicios. Con respecto al IPC escogido, el de agosto (cuando planteó su oferta, el de septiembre aún no se conocía) afirmó buscar con él la misma estabilidad que reclama el Bloque, por cuanto éste fue el criterio utilizado en años anteriores a instancias de Rivera. Pero aquí reside, precisamente, el talón de Aquiles del discurso del regidor. El líder independiente no es esclavo de la responsabilidad de manejar una referencia permanente, así que tumbó sin pestañear la de Gago, ni de perseguir un equilibrio tributario a lo largo del tiempo. Tampoco parte de cero, sino que pule a la baja las propuestas de Ravella, lo que le permite presentar y rentabilizar sus alternativas, no como el incremento que en realidad suponen, sino como una rebaja con respecto a las querencias iniciales de los socialistas. Así, resulta difícil desprenderse de la sensación de que es Rivera quien impone su criterio, en lugar de negociar sus puntos de vista. Máxime cuando los reproches entre PSOE y BNG son continuos, alcanzando su máxima expresión en la durísima pulla del regidor: «Un militante del PSOE no se rinde ante uno del BNG, ni de coña».