El palomar Laaseiri vino un verano hace diez años con el programa Vacaciones en Paz, y se quedó. Ayer le contó a los alumnos del Castro Alobre cómo viven los refugiados
25 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La oenegé ya ha llevado al Sáhara Occidental 25 millones de euros que se invirtieron en infraestructuras y alimentos. Pero no descuida la no menos importante labor de concienciación. Ayer, Carlos estuvo en el instituto Castro Alobre de Vilagarcía acompañado de Laaseiri para acercar a los alumnos de tercero de ESO la realidad de un país sin tierra del que España se olvidó en 1975 y al que Marruecos le niega la autodeterminación. Carlos hizo un poco de historia Poco a nada les sonaba a los chavales el problema del Sáhara Occidental así que Carlos se encargó de ilustrarlos sobre el tema. De forma coloquial y directa, que es como mejor se entienden las cosas, y con conocimiento de causa. Lo de vivir a 45 grados, la organización de una ciudad bajo jaimas y edificios de adobe y una organización social en la que, en contra del estereotipo islámico, las mujeres mandan más que nadie. Laaseiri Babia dio fe. Lleva diez de sus diecinueve años en Galicia, ¡si hasta tiene acento gallego y todo! y ahora está recorriendo los institutos para dejar su testimonio y poner su grano de arena en crear conciencia sobre los problemas de los refugiados. Y así supimos que un saharaui que quiera estudiar Secundaria tiene que dejar su tierra y su familia e irse a Argelia, Libia o Cuba, y los más afortunados a Italia y España. O que un chaval de Tinduf puede dedicar su ocio a poco más que jugar al fútbol, eso sí en invierno porque en verano, por la tarde, sólo se puede estar a la sombra de la jaima. «Play station hay más bien pocas», explicaba Laaseiri, y las televisiones emiten siempre y cuando funcionen los generadores. Del lujo de la electricidad sólo disfrutan en el campamento 27. En el resto de la ciudad se iluminan con placas solares, que sol es de las pocas cosas que sobran por allá abajo. En Tinduf falta comida, servicios y, sobre todo agua. Sobreviven gracias a la ayuda internacional y así siguen, esperando el referéndum que nunca llega y sobrados de dignidad.