Diez mil manos para tender un puente

María Santalla VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Hace hoy veinte años se inauguraba el viaducto de A Illa; su construcción es la historia de una conquista cuyos protagonistas fueron los habitantes de la entonces parroquia vilanovesa Tras varios años de reivindicaciones y dos de obras, los isleños pudieron dejar la barcaza y cruzar por primera vez a pie hasta el continente. Ocurría el 14 de septiembre de 1985

13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Luz, ponte, Concello. Feito por nós e para nós». Así reza una pintada en un muro de la Avenida da Ponte de A Illa. No se equivoca. La historia de A Illa es, en buena medida, la historia de un pueblo que siempre supo unirse para conseguir lo que deseaba. Así pasó con la luz, así pasaría más tarde con su conversión en municipio, y así pasó hace ahora veinte años con la construcción del puente. Viendo A Illa hoy, resulta difícil creer que hasta hace sólo dos décadas el transporte por mar fuese su único vínculo de unión con el continente. Sólo a los más jóvenes no les alcanza la memoria para guardar alguna anécdota de la motora , como los isleños llamaban al barco de pasaje que les llevaba hasta Vilanova. Todos los demás recuerdan aquellos tiempos en los que sólo las embarazadas con más suerte podían tomar el barco y llegar hasta un hospital. Para cuando esto no era así, en A Illa siempre hubo mujeres expertas en traer niños al mundo. No quedaba otra. También son muchos todavía los que coincidieron en su viaje con los animales vivos -sobre todo vacas- que llegaban con destino a las carnicerías de A Illa. O con las mercancías que se agolpaban en la motora para surtir a las tiendas de la localidad. Algunos que hoy ya peinan canas todavía recuerdan sus travesuras de pequeños, cuando el desembarco en el muelle les brindaba la oportunidad de hacerse con alguna que otra chuchería. Pero si estas y otras anécdotas se cuentan hoy con cierta nostalgia, en aquel momento el panorama no era en absoluto paradisíaco. Las dificultades para alcanzar un mundo cada vez mejor comunicado hicieron prender en A Illa la chispa de un deseo: tener un puente que la uniese al continente. Esta ansia que ya venía de atrás tomó forma de reivindicación allá por 1979. Fue en la primavera de ese año cuando se constituyeron las comisiones pro-puente. Lideradas por la comisión oficial, se formaron también la de iniciativas, de la que formaban parte Antonio Iglesias, José Manuel Casico y Manuel Iglesias; la encargada de publicidad y propaganda, dirigida por Fernando Milleiro; la de agitación, de la que se encargaba Belarmino Dios; la económica, dirigida por Juan José González; la de influencias y la coordinadora, de la que se ocupaba Amancio Otero. En una de sus primeras reuniones decidieron organizar una gran fiesta del puente con el objeto de recaudar fondos para sus iniciativas. La fecha fue fijada para el 29 de julio. Poco después programaron una asamblea en el hotel Tamanaco, aunque por entonces la ilusión de los isleños era tal, que la asistencia se desbordó y la reunión tuvo que ser trasladada a O Regueiro. Pero toda historia tiene sus nombres propios. Y, en este caso, el nombre que citan todos los isleños es el del diputado por Pontevedra en el Congreso, José Antonio Gago Lorenzo. Él fue encargado de hacer oír en Madrid las voces de los habitantes de A Illa. Todavía hoy, una placa en O Bao recuerda el papel del político vilagarciano en la consecución del puente. A finales de 1978, Jesús Sancho Rof, junto a Gago Lorenzo, entregaban al ministro de Obras Públicas un escrito solicitando la construcción del puente de AIlla. El destino quiso que pocos meses más tarde, el propio Sancho Rof fuese nombrado ministro del ramo. La por entonces incipiente revista Dorna auguraba: «Se non é agora, non será nunca». No tardó mucho la comisión pro-puente en acudir a Madrid para reunirse con el ministro. Sus integrantes regresaron todavía en la motora , pero con el compromiso de que, en poco tiempo, podrían cruzar el puente. En esa reunión, el responsable de Obras Públicas anunció que, en un plazo máximo de siete meses, estaría ultimado el proyecto para unir A Illa con el continente. Unos días después, y con estas buenas noticias como telón de fondo, se celebraba la Festa da Ponte. Unas 5.000 personas se reunieron para comer y bailar durante todo el día. El Gobernador Civil, el delegado provincial del Ministerio de Obras Públicas, el vicepresidente de la Diputación y el diputado Gago Lorenzo asistieron a estos actos. Para amenizarlos, nada menos que figuras de la talla de María Manuela, Emilio Cao o Milladoiro. Era julio de 1979 y los isleños esperaban que el puente fuese pronto una realidad. Pero todavía tendrían que esperar.