Carroñeros

MARÍA REY

AROUSA

AREOSO | O |

17 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A LOS periodistas se les llama de todo. Hay carta blanca. Canallas, vendidos, manipuladores. Afortunadamente, la mayor parte de las personas que trabajan en esto de la comunicación han desarrollado una especie de escudo anti todo, como el de Mortadelo, que les permite salir inmunes del chubasco de insultos. Pero hay días en los que el escudo no funciona, o funciona mal, y entonces se cuela uno de esos palabros a destiempo y te hace pensar. Me pasó el otro día cuando escuché que alguien tildaba a los chicos de la prensa de «carroñeros». Con el cabreo inicial, y antes de que el enfado llegase más lejos, decidí utilizar el diccionario para ver qué podía haber de cierto en semejante calificativo. Dice la Real Academia que carroñero es aquel que se alimenta de carroña. Y carroña es, además de carne en descomposición, «persona, idea o cosa ruin y despreciable». En fin, que es cierto que somos carroñeros. Porque aunque nuestro trabajo se nutre muchas veces de gente buena y de acciones brillantes, y nobles, incluso generosas, la mayor parte de las noticias están relacionadas con personajes ruines y mezquinos que contaminan por ahorrar en saneamiento, o que persiguen sus objetivos a cualquier precio, o que anteponen el bien común a sus intereses particulares o partidistas (o ambos). Si quien escribe sobre ellos es un carroñero, la lógica deja claro dónde está la carroña.