Las fiestas gastronómicas de distinto pelaje toman la comarca de O Salnés durante el puente de la Asunción La cultura de la carpa compite cada vez más con la restauración tradicional
12 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Dicen que en Galicia hay tanta profusión de fiestas gastronómicas porque por estos lares se pasó mucho hambre. Pero las mesas no sólo se nutren de abuelos que sufrieron la escasez de la postguerra. Aquellos niños de los setenta que se criaron con tazones de Cola cao y bocadillos de nocilla tampoco hacen ascos a la más mínima papatoria que se monte en el pueblo. En tiempos de abundancia, donde en las casas se tira el pan y ya no hace falta que sea el día de la patrona para comer bichos con conchas, el personal sigue acudiendo a la llamada de la comida en masa. Y sin nada de arte en la mesa. El yantar, mejor si es bajo el sol abrasador o una carpa plástica y con banda sonora de Pili Pampín a mil decibelios. Las fechas del calendario veraniego se quedan cortas para dar cabida a tanto evento e, inevitablemente, coinciden. El fin de semana que hoy comienza, con puente de la Asunción incluido, pasa por ser el de mayor concentración de panzadas por metro cuadrado que hay a lo largo del año. Cambados sigue con la resaca del Albariño a golpe de vieira y Festa Europea do Viño -casi no ha dado tiempo a lavar la copa-. En Vilanova y A Illa siguen en la carrera por ver quien se trae más personal de calle y organizan, a las mismas horas y los mismos días, sus particulares fiestas del mejillón (y otras viandas). Pero la experiencia demuestra, que hay gente para todo y comensales sobrarán e a uno y otro lado del puente. En Ribadumia se han descolgado hace cuatro años con la Festa do Pan do Salnés -ya se sabe que sin pan no hay salsa que se precie- y en Meis prepararán el lunes carne de potro para diversificar la oferta entre tanto molusco. En Vilagarcía tampoco faltará de comer, que para algo comienzan las fiestas de San Roque. Albarousa ofrece un derroche de vinos y platos tradicionales con el inconfundible sello de Neira. ¿Y qué dicen los restaurantes a todo esto? El que más y el que menos se queja y empiezan a pensar que, otro año, mejor sacan los fogones a la calle y se montan una carpa.