Ríos de salud desde los césares

Bea Costa
Bea Costa VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Reportaje | Usos de las aguas mineromedicinales durante la época romana y prerromana ¿Se imagina a los moradores de Adro Vello o del castro de Siradella tomando las aguas en A Toxa? No hay vestigios físicos que lo demuestren, pero pudo haber sido posible

06 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En Caldas, Cuntis o Mondariz sí quedaron vestigios que atestiguan que durante la época romana se conocían y utilizaban ya las aguas mineromedicinales. En Arousa no tenemos evidencias, pero hay indicios de que pudo haber sido así. La arqueóloga Silvia González Soutelo lleva años estudiando e investigando sobre la materia y parte de este trabajo se refleja en una obra que acaba de ser merecedora del premio Ferro Couselo. La experta es cauta pero esclarecedora. A la pregunta ¿sabían los romanos de las propiedades de las aguas de A Toxa y Catoira?, responde: «No hay constancia, pero sí suposiciones de que podría haber sido así. En A Toxa no hay materiales arqueológicos pero hay yacimientos en la zona que demuestran que hubo ocupación romana y prerromana», explica. Todavía hoy se conservan restos que lo constatan en O Carreiro, Punta Cantodorxo, Correlo do Monte, Veiga Grande, el yacimiento de Adro Vello o el castro de A Siradella. Hallazgos y leyendas A falta de una excavación arqueológica -esa es la asignatura pendiente en la isla y en el resto de Galicia, se lamenta la investigadora- los primeras noticias documentadas sobre la localización de manantiales de aguas mineromedicinales datan del siglo XVIII. La leyenda atribuye el hallazgo a una casualidad. Al hecho de que un vecino de O Grove hubiera abandonado un burro enfermo en la isla, para morir, y que el asno apareciera curado un tiempo después. Sorprendente hecho que los oriundos relacionaron con el consumo de las aguas de esta isla. El imaginario popular también dice que los primeros grovenses pensaban que allí donde brotaban las burbujas calientes del manantial, había un tesoro escondido. Leyendas aparte, el uso terapéutico de las aguas de A Toxa era ya una realidad en el siglo XIX. La isla estuvo prácticamente abandonada hasta 1830 y fue a partir de entonces cuando comenzó la instalación de barracones para facilitar la toma de aguas a los bañistas que acudían en busca de solución a sus problemas de reuma, piel, aparato respiratorio y de huesos. Hasta este momento, el sistema era tan rudimentario como hacer agujeros en el suelo en cualquiera de los treinta manantiales que hay a lo largo y ancho de la isla del Louxo. En 1868, las aguas fueron declaradas de utilidad pública y en 1903 se abre el balneario y el hotel, que todavía hoy están a pleno rendimiento.