CON GOTAS | O |
02 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.FOLE asegura que no hay razones para que el PP de Vilagarcía dé un timonazo y ponga proa a las trincheras en las que parecen instalados algunos de los principales dirigentes estatales de la formación conservadora. Soy de los que creo que este echarse al monte dificulta la necesaria reflexión que debe seguir a todo varapalo electoral, por muy a contrapie que les haya pillado a sus protagonistas. Sería nefasto que la agrupación vilagarciana reprodujese la extraña tetracefalia a la que se han encomendado los populares en el conjunto de España, con un Rajoy vigilado, tal vez maniatado, de cerca por Zaplana y Acebes, y la figura paterno umbría de Aznar, inspirando qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer, como ánima que se resiste a abandonar el purgatorio político por muchas misas que se le recen. En un partido como el popular, de transmisión vertical, en el sentido de que las decisiones suelen adoptarse de arriba a abajo, puede haber diálogo y debate, pero quien agarra el toro por los cuernos es, a la postre, una persona, o como mucho un grupo muy reducido. Y ahora esa responsabilidad recae sobre Tomás Fole, por lo que a nadie debe extrañar que defienda una línea que va con su carácter, en lugar de revestirse de actitudes ajenas. Sucede que algo así hay que hacerlo con cuidado, tener en cuenta que el PP no es precisamente un colectivo abierto a los experimentos y que detrás de la gestora hay -o debería haber, porque desde la purga de los riveristas no hay quien se aclare- casi un millar de militantes, que en buena medida respiran aires conservadores. Es posible que sin Rivera como contrapunto a la derecha el presidente pudiese desarrollar su modelo sin demasiadas discusiones. Pero esto es lo que hay, y de nada vale lamentarse. De Fole y de su capacidad para hilvanar un proyecto ilusionante y atraer a los suyos depende que el PP arranque de una vez. O no.