La cosa política
09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?icen que, aunque todavía no hay nada claro, el alcalde de Vilagarcía, Javier Gago , tiene ya una idea en mente para desarrollar su futuro político, en el caso de que la Xunta bipartita le sirva la posibilidad de un salto más allá de la capital arousana. Se dice, también, que tal vez Jesús Paz , el hombre llamado a tomar el relevo y el bastón de mando, no vea tan claro el objetivo de la alcaldía y busque también el camino hacia Santiago. De ser así, en la capital arousana hay un tercer hombre, que ha permanecido catorce años a la sombra de Gago y al que en absoluto le desagradaría convertise en regidor de la ciudad. , primer teniente de alcalde, fue la pieza clave del gobierno de coalición que, en 1991, en franca minoría el PSOE frente a un Rivera Mallo que se quedó a las puertas de la mayoría absoluta, aupó a Javier Gago hasta el sillón de Ravella. Sin su cambio de tercio, los socialistas no hubiesen podido acceder a la gestión de la tercera ciudad de la provincia. En una jugada magistral, orientó aquella débil Coalición Galega por la que se había presentado lejos de la mano larga de Pablo Vioque , hacia una opción de futuro. Aquella decisión, apoyar a Gago, «foi o mellor que fixen», aseguraba Cuervo en una entrevista publicada en el 2000, cuando dio el paso adelante definitivo e ingresó en el Partido Socialista. Atrás quedaban nueve años en las filas del PSdeG como independiente. Rodríguez Cuervo aspiraba a engrosar la disciplina socialista junto a buena parte de su gente: medio centenar de altas. De haber sido así, el suyo se hubiese consolidado como un grupo con influencia decisiva dentro de la organización. Al final, los ingresos se redujeron notablemente y la capacidad de maniobra prevista se diluyó. Cuervo continuó como número dos, en ese puesto concurrió a las municipales del 2003, y ahí sigue, desempeñando la misma función en el organigrama del gobierno municipal. Si Gago a la postre se va, le apetecería asumir la alcaldía. Al menos durante el próximo año y medio, hasta los siguientes comicios locales. Sería algo así como el colofón a una larga trayectoria en la política de la distancia corta, un reconocimiento a su labor y a su papel protagonista en la conquista de Vilagarcía para el PSOE. Amigos y conocidos le animan. Y, un factor nada desdeñable, en el BNG no se vería mal a un Rodríguez Cuervo alcalde, ahora que tanto se habla de un pacto que vendría auspiciado por los acuerdos de Santiago y, con toda probabilidad, también de Vigo. La polémica que viene Cuervo no sólo se sienta en las comisiones municipales de gobierno. También lo hace en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria. Y en él se está fraguando la que, con toda seguridad, será la próxima tormenta política que se destará sobre Vilagarcía. Se trata de la extension del ferrocaril hasta el muelle de Ferrazo. Un proyecto que, pese a estar incluido en el plan especial del Puerto, reconocido en el convenio firmado con el Concello, e incorporado al plan de empresa de la entidad portuaria, no tiene un futuro demasiado claro. Para empezar, hace ya tiempo que la Cámara de Comercio, y muy especialmente su presidente, Carlos Oubiña , trabaja contra la idea. El responsable cameral entiende que hacer pasar el tren entre el parque de Miguel Hernández y el complejo hostelero de la TIR, a un paso del auditorio, constituye una flagrante contradicción con el uso lúdico de un área fundamental para la ciudad. Su alternativa pasa por gestionar la implantación de una vía férrera paralela a la futura carretera que conectará el Puerto con la autopista, dotando además al polígono industrial de Baión de un servicio de ferrocarril que dispararía su cotización. Oubiña sabe moverse en determinados círculos, y podría contar con aliados poderosos a la hora de plantar cara a la iniciativa. Para empezar, el director general de Caixanova, Julio Fernández Gayoso , sabe ya del malestar existente en la organización empresarial con el proyecto. Lo malo es que quienes conocen el negocio portuario de cerca saben que un puerto como el de Vilagarcía, el más modesto de los cinco gallegos de interés general, no puede permitirse demadiados retrasos en la conclusión de su circuito ferroviario. Máxime cuando la ampliación de Ferrazo ya está en marcha y en el punto de mira se sitúan empresas como Ros Casares, para las que el tren resulta fundamental. La rada arousana debe pelear por todos y cada uno de los tráficos que se le ponen a tiro para mantener su categoría. Postergar el ferrocarril podría suponer abrazar el estancamiento definitivo. Y, hoy por hoy, la única solución posible a corto plazo pasa por la explanada TIR. Campo abierto al PP , esperaba poder llevar el proyecto a consejo antes de diciembre. El vuelco en la Xunta, y su inminente cese, que no debería prorrogarse mucho más allá de agosto, se lo impedirán. Y el cambio de gobierno traerá nuevas dificultades a la hora de plantear la ampliación de la vía. La oposición de los vocales de la Cámara y de algunos del Concello, como José Luis Rivera, está garantizada. Con un puerto gestionado por el PP, el popular Tomás Fole nunca votaría en contra. Pero un presidente socialista o nacionalista, que todo puede ser, dejaría las manos libres al portavoz conservador para decir no. A todo esto, PSOE y BNG aún no han explicitado su postura. Lo dicho, pintan bastos para el tren.