AREOSO | O |
06 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.VILAGARCÍA se dedicó hace unos años a hacer castillos en el aire con una iniciativa tan noble como imposible: proponer a Madrid las Rías Baixas como sede náutica de los juegos olímpicos del 2012. La iniciativa tenía su enjundia; primero Madrid tenía que elegir la propuesta gallega entre otras, y luego el comité olímpico tenía que decidirse por Madrid para organizar unos juegos que veremos los que tengamos salud para ello. ¡Cuán largo me lo fiais!, que dirían algunos. No tardó en despejarse la primera incógnita. Madrid, con toda su artillería preparada para ganar, pasó olímpicamente de las Rías Baixas y se decidió por Las Palmas. Decía entonces que la propuesta gallega no era seria, que no había un estudio en condiciones, ni proyecto, ni nada de nada. Ellos sí lo tenían, porque a lo largo de los últimos años se fueron gastando una serie de millones, primero de pesetas y después de euros, en una idea con la vista puesta en el 6 de julio del 2005, fecha en la que se ganaba o se perdía, sin término medio. Y se perdió. Y ahora uno puede consolarse como quiera, diciendo que el camino está abierto para la próximas olimpiadas, que miedo me da de pensar en ellas y en la edad que yo tendré para entonces. Y lo mismo que Madrid, París, Moscú y Nueva York, que se habrán gastado también los dineros de los contribuyentes en semejante parafernalia mientras por sus calles otros ciudadanos con menos suerte extienden la mano para ver si le cae la calderilla que les sobra a los ricos del COI. Mientras, en la triunfadora Londres, se sabía que había candidatura por unas escasas pegatinas que había en el metro. London 2012, decían, pero el único que se lo creía era Beckam. ¡Menos mal que Madrid pasó de nosotros olímpicamente!