Análisis
27 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?n la polémica sobre el premio de investigación Valle-Inclán no están en juego ni la calidad del trabajo ganador, ni la prestancia de los miembros del tribunal. Pero sí el prestigio de un certamen cuyo único sentido es convertirse en referencia internacional sobre la figura del genial dramaturgo. De otra forma, lo mejor sería enterrar la iniciativa y esperar otros tiempos. El fuego político está servido, y ahora el gobierno provincial acusa al PSOE de quererse cargar el invento. Y tal vez la crispación sea excesiva, y el paso más conveniente sería frenar un poco, reunirse en torno a una mesa, y cocinar con la tranquilidad que sea precisa y con el consenso imprescindible un galardon que dé brillo y esplendor a un hombre y a una obra cuyos equivalentes en otros pagos generan buena cultura y mejores dividendos. Shakespeare, sin ir más lejos, como bien saben en Vilanova de Arousa. Dedicar el premio a la investigación tiene un riesgo. Y es el de circunscribir demasiado el arco de participantes. Que el grupo de investigación de la Universidad de Santiago esté presente por doquier es lógico, puesto que en Galicia, cualquier profundización sobre Valle-Inclán conduce necesariamente a la cátedra compostelana. Limitar el galardón a un círculo tan especializado sería absurdo. Como arriesgado es aprobar las bases en abril para que el premio se falle en octubre. No hay tiempo para más. Y eso sí se advirtió en su día. O estamos a la altura de un Valle universal, o las prisas mejor para Fernando Alonso.