AREOSO | O |

29 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

COMENTABA Pedro, uno de los camareros de moda de Vilagarcía, que ya no se estilan los trucados. En realidad nunca supe si era masculino o femenino el nombre de esta bebida. De aquella aún no se había puesto de moda lo de la arroba (ahora volverán los políticos a la carga con esto, que se acercan las elecciones), y cada uno lo llamaba según le petaba. El trucado era uno de los buques insignia de uno de los locales insignia de la capital de la comarca. Consistía básicamente en vaciar un poco de Coca Cola, llenar el hueco con el whisky correspondiente, agitar la mezcla, limpiarse la mano con una servilleta o directamente en el pantalón, y beber. El cóctel se servía en la Seta 29 (tampoco aquí nunca supe si era la Seta, el 29, o una mezcla de ambos -supongo que esto último- el nombre más adecuado). Un pub de los de antes. Con tocadiscos, canasta pequeña donde jugarte los chupitos (casi siempre ganaba Roberto), un camarero dispuesto a echar una partida de chinchimoni (de nuevo ganaba Roberto casi siempre) y algún viernes, ración de autoservicio para los clientes. Ahora, la música, que sale del ordenador, suele estar demasiado alta en todos los locales. Como para ponerse a jugar a los chinos.