AREOSO | O |

26 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

UNA SE DESPIERTA un buen día y se encuentra con que de repente a los políticos les ha entrado un ansia desmedida por las zonas rurales de Galicia. Hace algunas semanas, sin ir más lejos, la Xunta pedía a los ciudadanos ideas para repoblar el interior gallego -por cierto, debe ser una tarea bien complicada, porque después de dieciséis años gobernando todavía no se les ha ocurrido ninguna-. Uno de estos días nos decían también que dentro de tres años las áreas rurales tendrán conexión a Internet de alta velocidad. Me pregunto si todavía quedará por aquel entonces alguien allá dentro a quien conectar a la Red. Porque me temo que les va a pasar como en mi pueblo -perdónenme que insista-, donde ahora que ya no existen vacas y que nada menos que el 35% de la población supera los 65 años, a alguien se le ha ocurrido que hay que ponerse con la concentración parcelaria. Y en esas estamos. Ante este cúmulo de situaciones sólo se me ocurren dos cosas. La primera es preguntarme a qué viene ahora tanto interés por el campo. Y la segunda es recordar aquello de que «primeiro deixa morrer o enfermo e despois quere resucitalo».