AREOSO | O |
17 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.¿A DÓNDE van los besos?, cantaba Víctor Manuel. Poético inicio para una columna, pero el lirismo abandonó esta redacción en el equipaje de Alonso (el periodista asimétrico) con dirección a las tierras extremeñas. Tiremos por lo prosaico, pues. Más que el destino de los besos, me interesa el de los calcetines. Quiero saber quién es ese misterioso diablillo que habita en cada lavadora y que hace que desaparezca siempre uno de los hermanos gemelos. La verdad es que el asunto tiene tela, nunca mejor dicho. Porque claro, si huyeran los dos, tal vez no los echarías de menos. Pero el problema es que solamente desaparece un individuo de cada vez, con lo que la sensación de ausencia, casi de secuestro, es inevitable. Recientemente, hasta siete, siete que se dice pronto, siete individuos abandonados por sus respectivas parejas me miraban desde la tabla de planchar. Ante esta situación, la única solución que se me ocurre es usar ejecutivos. Aquí, como la raza es uniforme no hay problemas. Siempre podrás encontrar un par a mano para tapar el pie, aunque sean de distintas procedencias. Sin embargo, a mí me gustan más los otros. Esperaba a mañana, los sábados es cuando tengo tiempo, para ir al mercado a comprar más, pero también me lo han birlado.